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Trump y el “arte” de perder una guerra que él mismo provocó

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En el análisis político internacional, la soberbia suele ser la peor consejera. El refrán popular advierte que “no hay que escupir para arriba”, pero en el tablero de la geopolítica mundial, cuando los líderes poderosos lo hacen, las consecuencias las paga el planeta entero. El reciente y sorpresivo acuerdo de paz entre el gobierno de Donald Trump e Irán es la prueba viviente de esta premisa.

Por Redacción IN-FORMADOS

Tras meses de amenazas infernales, retórica apocalíptica y una escalada bélica que puso en vilo a la economía global, la Casa Blanca terminó firmando un acuerdo que, en la práctica, es una capitulación encubierta. Las cosas claras: Trump se retiró del campo de batalla no porque haya alcanzado sus objetivos, sino porque la realidad lo acorraló. Una reciente y lapidaria editorial del Consejo Editorial del prestigioso The New York Times lo resumió en una frase contundente: “El presidente Trump perdió esta guerra”.

La ilusión de la “guerra de fin de semana”

El conflicto comenzó como comienzan muchas de las aventuras de Trump: desoyendo a los técnicos y asesores que verdaderamente entienden el polvorín que representa Medio Oriente. Confiado en el peso absoluto del aparato militar estadounidense, el mandatario se lanzó a una ofensiva pensando que sería una “guerra de fin de semana”, una demostración de fuerza rápida que obligaría a Teherán a arrodillarse de inmediato.

El resultado fue exactamente el opuesto. La belicosidad de la Casa Blanca no intimidó al régimen iraní; al contrario, desató una crisis mundial que no existía. El precio del petróleo sufrió sacudidas, las rutas comerciales del Estrecho de Ormuz se transformaron en zonas de peligro y el fantasma de una guerra abierta y prolongada empezó a desestabilizar los mercados financieros internacionales. Trump creó un problema gigante donde había una tensa calma, solo para descubrir que salir de ese laberinto era mucho más difícil de lo que dictaba su intuición de magnate inmobiliario.

El verdadero freno: Las encuestas de medio término

¿Por qué un líder que prometía fuego y furia termina sentándose a firmar la paz con su peor enemigo? La respuesta no hay que buscarla en un rapto de diplomacia o pacificación humanitaria, sino en las frías planillas de las encuestas de Washington.

A medida que aumentaba el tambor de guerra, los costos económicos empezaron a golpear el bolsillo del ciudadano estadounidense común. En paralelo, el calendario electoral empezó a correr. Estados Unidos se encamina hacia sus elecciones de medio término, y los sondeos que llegan al despacho oval pronostican un panorama catastrófico para el oficialismo si la aventura bélica continuaba.

La clave política: El votante estadounidense promedio tolera la retórica dura, pero le teme a dos cosas: la inflación en los combustibles y el regreso de soldados en ataúdes por guerras lejanas y difíciles de explicar. El riesgo de perder el control del Congreso obligó a Trump a archivar el traje de comandante en jefe y buscar una salida de emergencia.

Un juego de cartas vistas

El Consejo de Editores del New York Times —que opera de manera independiente a la redacción del diario— puso el dedo en la llaga al analizar la hipocresía del desenlace. Tras haber tensionado la cuerda del planeta al límite del abismo, el gobierno norteamericano vende el acuerdo actual como un triunfo de su estrategia de “presión máxima”. Sin embargo, cualquier analista internacional con un mínimo de rigor sabe que se firmó para evitar un desastre electoral doméstico.

Al final del día, el “gran negociador” demostró que su estrategia de manual no funciona cuando las cartas del rival también juegan. Trump incursionó en el tablero internacional buscando una victoria rápida para su ego y su tribuna, generó una crisis global innecesaria y terminó firmando la paz apurado por las urnas. Una lección brutal de realismo político: en la guerra, como en la vida, jugar con fuego siempre te expone a quemarte las manos, sobre todo cuando se acerca la hora de rendir cuentas ante los votantes.

Nota del Editor:

Así las cosas, todo parece encaminarse a que el acuerdo que se firmará (las negociaciones podrían durar unos dos meses) podría ser similar al que se firmó con Barak Obama en el año 2015 (que fuera derogado por el propio Trump en 2018).

La situación se retrotraería a como estaba antes de la guerra y se especula que Irán, a partir del acuerdo, podría empezar a cobrar una especie de peaje o derecho de paso, para que las embarcaciones utilicen el Estrecho de Ormuz y el comercio pueda fluir nuevamente.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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