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“ME PREOCUPA LA IMBECILIDAD DEL PERIODISMO. LO HIJOS DE MIL PUTAS QUE SON LOS PERIODISTAS…”

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En los últimos días, un fragmento televisivo encendió las alarmas del debate público. No por la originalidad de sus argumentos, sino por la crudeza con la que expuso un mecanismo discursivo que se está volviendo norma: un intelectual de renombre insulta en televisión abierta a “todos los periodistas”, se desdice a medias de inmediato al ser confrontado por sus interlocutores y, minutos después, confiesa abiertamente que se niega a mirar estadísticas oficiales porque prefiere “creer” únicamente en los funcionarios del gobierno.

(Ver el vídeo de la entrevista al “filósofo” y escritor, Alejandro Rozitchner, al final de esta nota)

Por Redacción IN-FORMADOS

Imagen capturada de un video de YouTube

El episodio —celebrado en redes sociales por el poder de turno— invita a una reflexión que va mucho más allá de los nombres propios. Lo que presenciamos no fue un exabrupto aislado; fue la puesta en escena, explícita y obscena, del método dogmático de manipulación de masas.

La demolición del espíritu crítico

El dogmatismo moderno no busca convencer mediante la razón; busca cooptar a través de la emoción. Para lograrlo, los ingenieros del relato aplican un manual de tres pasos que opera directamente sobre el “ser”, anulando cualquier capacidad de análisis crítico.

1. La creación del enemigo corporativo

El primer paso es la generalización absoluta. Se instala un enemigo abstracto —”el periodismo”, “la casta”, “los otros”— cargado de adjetivos violentos. El insulto no es un descuido: es una herramienta de demolición simbólica. Sin embargo, este paso encierra una fragilidad intrínseca. Cuando el dogmático es confrontado con personas de carne y hueso que ejercen ese rol con dignidad, el argumento se desinfla en un “a ustedes no los conozco, hablo de los demás”. La etiqueta colectiva funciona solo en la distancia; de cerca, se diluye.

2. El terraplanismo de datos (La fe sobre la evidencia)

Quizás el síntoma más peligroso de este método es la anulación de la realidad medible. Cuando los datos duros, los índices económicos o las estadísticas oficiales contradicen el relato, el dogma exige su inmediata cancelación. Se elige la fe ciega por encima de la radiografía empírica. Al declarar que solo se escucha a la gente en la que se “confía”, se reemplaza el rigor intelectual por la militancia emocional. Si la realidad no se ajusta al dogma, peor para la realidad.

3. El contagio imitativo o “pensamiento colectivo”

Este método no busca generar pensadores, sino replicadores. Alguien con autoridad (o pantalla) instala la consigna simplista y violenta, y una masa de usuarios —ávida de pertenencia y respuestas fáciles— la imita y amplifica en un eco infinito. Es una trampa diseñada para capturar al desprevenido, apelando a su frustración o a su deseo de creer en un mañana milagroso.

“La duda es el primer paso hacia la verdad.” Esta premisa, que sostuvo el nacimiento de la filosofía moderna, es hoy el principal enemigo del dogma. Al dogmático no le interesa que dudes; te exige que creas.

El valor de apagar la pantalla

Frente a la espectacularización de la violencia discursiva y la bajada de línea disfrazada de “masterclass”, la mejor respuesta es la lucidez. Mantener el temple frente al agravio, sostener los datos frente al grito y, fundamentalmente, tener el criterio de apagar el televisor o cambiar de canal cuando el interlocutor decide dejar de pensar.

El escepticismo sano no es cinismo; es un mecanismo de defensa higiénica. En un ecosistema saturado de dogmas que buscan colonizar el sentido común a base de emociones bajas, dudar, exigir datos y negarse a formar parte del rebaño imitativo no es solo una postura intelectual. Es, hoy más que nunca, un acto de resistencia.

En el vídeo no se encontrará a un filósofo que pone en práctica su profesión. Evidentemente, el filósofo se quedó en su casa durmiendo (o se murió). En su lugar, al programa, asistió esta persona que intenta amplificar el “pensamiento colectivo” (replica, incluso intensifica, expresiones harto conocidas en boca del Presidente Milei) al que, a todas luces, pertenece porque, aparentemente, ha renunciado a pensar por sí mismo.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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