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El engaño del consumo: la recesión real desmiente el relato oficial. No lo ve, quien no quiere verlo.

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Mientras el discurso oficial intenta instalar la idea de una recuperación económica inminente y habla de un repunte en el consumo interno, los datos duros de la macroeconomía y la realidad de las empresas de primera línea muestran una foto diametralmente opuesta. Argentina atraviesa una recesión profunda, empujada por políticas de ajuste que están secando el bolsillo de los ciudadanos y paralizando la actividad productiva.

Por la Redacción de IN-FORMADOS

El ingreso de los autos chinos al mercado argentino ofrece más opciones a los consumidores.

La radiografía del parate: lo que el IVA y Ganancias dejan a la vista

La recaudación fiscal es el termómetro más preciso de la actividad económica: si se vende menos y se gana menos, el Estado recauda menos. Los últimos datos de la recaudación coparticipable, que sufrió una caída real del 7,4%, encienden todas las alarmas.

Al desglosar los impuestos vinculados directamente al pulso de la calle y las empresas, el panorama es crítico:

  • El IVA cayó un 4%: Una muestra directa de que el consumo masivo se retrajo. Las familias compran menos comida, menos ropa y postergan cualquier gasto prescindible.
  • Ganancias se desplomó un 16%: El reflejo de empresas que operan con rentabilidad en rojo o directamente en niveles de supervivencia, y de asalariados que perdieron poder de compra.

Incluso gigantes del comercio electrónico como Mercado Libre, que históricamente lograban esquivar las crisis por el cambio de hábitos de consumo, ya registraron bajas visibles en sus niveles de venta interna. Si las plataformas digitales caen, es porque el parate es total.

La pregunta incómoda:

Si la recaudación fiscal se desploma de esta manera, la meta del superávit fiscal corre peligro. ¿Por dónde va a pasar el hilo del ajuste ahora que el Estado se está quedando sin ingresos genuinos por la misma recesión que generó?

La estadística: ¿Por qué el gobierno dice que el consumo sube, cuando en realidad está bajando?

Existe una contradicción flagrante entre los comunicados oficiales y la calle. El gobierno suele aferrarse a ciertos indicadores de “consumo” para justificar su rumbo. Sin embargo, hay un truco metodológico detrás: el peso de los servicios públicos.

El brutal aumento en las tarifas de luz, gas, agua y transporte se computa en las estadísticas generales como “aumento del consumo”. Pero pagar una factura de luz tres o cuatro veces más cara para mantener la heladera encendida no es una decisión de consumo; es un gasto indexado de supervivencia. Al absorber una porción cada vez mayor del ingreso familiar, el tarifazo destruye la capacidad de compra de bienes reales (las familias gastan menos en alimentos, electrodomésticos, indumentaria…), provocando el colapso del comercio minorista.

El sector automotriz: Stock al límite e invasión silenciosa

El sector industrial es quizás el que mejor ilustra el impacto de este modelo de “enfriamiento” de la economía. La producción de autos locales cayó un 20%, y las ventas en los concesionarios nacionales sufrieron un golpe todavía mayor.

Si las 11 fábricas radicadas en el país no bajaron las persianas por completo es gracias a la válvula de escape de la exportación (principalmente hacia el mercado de Brasil). Sin embargo, este respirador artificial es limitado: las terminales operan hoy con niveles de stock acumulado excesivamente altos debido a que el mercado local está completamente paralizado.

Para colmo de males, la industria nacional enfrenta un nuevo desafío en su propio territorio. Con la apertura comercial y el ingreso de nuevas marcas —entre ellas, el desembarco de un gigante automotriz chino que ya se ubica octavo en el ranking mundial—, se registró un aumento en el patentamiento de vehículos importados. En un mercado que se achica, los autos importados le ganan terreno a una producción nacional ahogada por los costos internos y la caída de la demanda.

Conclusión

La estrategia de secar la plaza de pesos para contener los precios está logrando su objetivo a un costo altísimo: la destrucción del entramado productivo y del consumo básico de los argentinos. Mientras las estadísticas oficiales se inflan con tarifas de servicios impagables, la economía real —la de las fábricas de autos con sobrestock, la de los impuestos en caída y la de los carritos de compra vacíos— demuestra que el modelo actual está lejos de reactivar el país. El ajuste, lejos de terminar, parece estar entrando en una nueva y más compleja etapa.

Al vaciar la plaza de pesos para que no aumenten los precios, el gobierno ha logrado que la gente no compre, es decir, baja el consumo. Al bajar el consumo, baja la recaudación a través del IVA (esta disminución en la recaudación es lo que dice la verdad, que el consumo no aumenta, sino que disminuye). Al bajar la recaudación, peligra el superávit fiscal y es por ésto que, el gobierno, se ve obligado a volver a ajustar. Si no piensan volver a aumentar los impuestos, el ajuste, deberá ser con despidos y suspensiones con reducciones salariales. Para ello, el gobierno siempre encontrará las excusas que sólo pueden creer quienes tengan el imperioso anhelo de creer. No es necesario esperar nada. Ya está pasando.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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