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El rompecabezas de las tarifas: ¿Por qué suben las facturas si es el Gobierno el que se endeuda con las energéticas?

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En los últimos meses, la economía argentina se debate en una encrucijada difícil de explicar: por un lado, los usuarios reciben facturas de luz y gas con aumentos considerables; por el otro, el Estado acumula una deuda millonaria con las empresas que generan y distribuyen esa energía.

¿Cómo se explica que paguemos más pero el Estado deba más? ¿Acaso las empresas no reciben el dinero de nuestras boletas? Para entender este vaivén económico sin caer en banderas políticas, es necesario desarmar el mecanismo y seguir el camino del dinero.

El camino del dinero: ¿A dónde va tu plata?

Para entender dónde se genera el bache de la deuda, primero hay que mirar cómo funciona la cadena energética en nuestro país, la cual se compone de tres eslabones principales:

  1. Las Generadoras: Son las empresas que producen la energía (a través de centrales térmicas, represas hidroeléctricas o parques eólicos).
  2. El Administrador Mayorista (Cammesa): Es una compañía mixta, controlada por el Estado, que le compra la energía a las generadoras y se la vende a las provincias.
  3. Las Distribuidoras: Son las empresas locales que llevan los cables y el servicio hasta tu casa.

Cuando un usuario paga la boleta de luz o gas, ese dinero ingresa al tercer eslabón (la distribuidora). Una parte de esa plata se usa para mantener las redes locales y la otra se le transfiere a Cammesa para pagar la energía consumida. A su vez, Cammesa debe juntar esa plata, sumarle los subsidios que pone el Estado, y pagarle a las empresas que generaron la energía en el primer eslabón.

El problema actual es que esta cadena se encuentra rota en dos puntos clave:

1. El objetivo principal: El “Superávit Fiscal”

El Gobierno actual tiene una meta que no está dispuesto a negociar: el superávit fiscal. En palabras simples, esto significa que el Estado no gastará más dinero del que le ingresa. Para lograrlo, una de las canillas más grandes que decidió cerrar es la de los subsidios a la energía (el dinero que el Estado, con otros gobiernos, ponía para que la boleta no fuera tan cara). Al quitar el subsidio, la tarifa sube y el costo se traslada directamente al usuario.

2. La estrategia del “pisado” de pagos (El subsidio que no llega)

Lograr que las cuentas del Estado den “en verde” mes a mes requiere ingeniería contable. El dinero que el Gobierno está retrasando o “pisando” —una maniobra orientada a retener fondos líquidos para afrontar los próximos vencimientos de la deuda externa— es la parte del subsidio que le corresponde poner al Estado, no la que el usuario paga de su bolsillo.

Para sostener el superávit y mostrar que las cuentas públicas están ordenadas, el Ministerio de Economía implementó lo que en la jerga se conoce como “pisar el gasto”: postergar las transferencias de fondos públicos hacia Cammesa. Al no recibir ese dinero estatal, Cammesa se ve obligada a retrasar los pagos a las empresas generadoras. El Estado “ahorra” en el corto plazo, pero acumula una deuda comercial gigantesca detrás de escena.

3. El efecto dominó en las distribuidoras

Para complicar aún más el panorama, la cadena sufre otra filtración. Como las tarifas locales a veces no llegan a cubrir el aumento de los costos operativos de las distribuidoras, muchas de estas empresas deciden usar el dinero que recaudan de las boletas de los usuarios para pagar sus propios sueldos y operatividad, suspendiendo o retrasando sus pagos hacia Cammesa. Así, el administrador mayorista queda desfinanciado por ambos lados: el Estado no le pasa los subsidios y algunas distribuidoras no le pasan la recaudación.

El dilema de la intervención

El oficialismo defiende la suba de tarifas argumentando que es la única forma de sincerar los costos de la energía y atraer inversiones a futuro. Sin embargo, la otra cara de esta estrategia tiene un impacto directo:

  • En la microeconomía (el bolsillo): El fuerte impacto de las tarifas frena el consumo de las familias y complica los costos de los comercios e industrias locales.
  • En la macroeconomía (el sistema): Si las empresas generadoras no cobran, se les dificulta realizar el mantenimiento de las plantas o invertir en mejoras de red, lo que pone en riesgo la calidad y la estabilidad del servicio a mediano plazo.

En limpio: Tu plata entra al sistema cuando pagás la boleta, pero el “bache” millonario se genera porque el Estado retiene su parte (los subsidios) para cuidar el superávit fiscal, y lo mismo hacen algunas distribuidoras de la energía, para compensar sus pérdidas, provocando un efecto dominó que termina asfixiando a quienes producen la energía.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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