De Sarmiento a los Jeques: La Patagonia en la encrucijada de la soberanía y el discurso oficial
La soberanía sobre el sur argentino nunca fue un debate pacífico. A mediados del siglo XIX, una parte sustancial de la sociedad civil y la oposición política reaccionó con una indignación feroz ante los escritos que un joven Domingo Faustino Sarmiento publicaba desde su exilio en Chile. En aquellas columnas, el futuro presidente catalogaba a la Patagonia como un “desierto frígido e inhóspito”, sugiriendo que era más lógico dejar su control en manos transandinas que gastar recursos en defenderlo. Aunque años más tarde, ya investido como presidente, Sarmiento debió virar drásticamente su postura ante la realidad geopolítica, el estigma social quedó grabado: la comunidad argentina no toleraba que se utilizara el discurso de la “inviabilidad económica” para justificar el desdén territorial.
Por la Redacción de IN-FORMADOS

Cordillera, Rio Negro Las altas cumbres rionegrinas. Turismo Rio Negro
Casi dos siglos después, el escenario se repite con otros actores pero idénticas tensiones. Mientras el Congreso de la Nación se prepara para debatir la reforma profunda —o derogación— de la Ley de Tierras Rurales bajo el nuevo marco del proyecto oficial de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, el fantasma de la entrega del sur vuelve a encender las alarmas sociales. Sin embargo, la investigación de la periodista Alejandra Dandan revela un fenómeno que va más allá de los terratenientes tradicionales: hoy ya no son solo magnates particulares quienes compran la Patagonia; son directamente Estados extranjeros operando en las sombras.
La “Patagonia Árabe” y la trampa contable
El caso del Fideicomiso Amaike en las altas cumbres de Río Negro, que mantiene un litigio con la comunidad Mapuche Lof Cayunao, encendió las alertas en abril de 2026. Durante el juicio, el empresario argentino Hugo Barabucci confesó bajo juramento que las tierras a su nombre habían sido compradas con una donación de dos millones de dólares proveniente del propio gobierno de los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Capitales de Medio Oriente en el sur argentino dejó de ser un paisaje remoto para convertirse en tablero de poder global: mientras en la Patagonia aterriza en silencio el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Mohammed bin Zayed Al Nahyan, sus capitales avanzan sobre más de 50.000 hectáreas estratégicas en Río Negro y se posicionan en el corazón energético de Vaca Muerta. Tierras, agua dulce, costa atlántica y gas natural licuado: la geopolítica del Golfo ya no es una abstracción lejana, tiene coordenadas precisas en el mapa patagónico y un impacto directo en el futuro económico y territorial de la Argentina. / Foto: Diario Anticipos
¿Cómo es posible esto si la ley actual prohíbe explícitamente que Estados extranjeros adquieran tierras en el país? Aquí es donde se revela el vacío legal que la burocracia estatal no ha querido o no ha podido frenar: el mecanismo de las “sociedades en cascada”.
- El truco de la triangulación: Ciudadanos con DNI argentino constituyen una Sociedad Anónima (S.A.) o un fideicomiso local y compran la tierra de manera perfectamente legal.
- La transferencia invisible: Semanas o meses después, en una escribanía privada, transfieren la totalidad de las acciones de esa sociedad a funcionarios o fondos soberanos extranjeros (como ocurrió con la firma Manzil S.A., hoy controlada por hombres de confianza del emir de Abu Dabi).
- El bache de control: Como la Inspección General de Justicia (IGJ) y los registros provinciales arrastran una histórica falta de cruce de datos, los verdaderos “beneficiarios finales” quedan ocultos tras una pantalla nacional.
De esta manera, el mapa de Río Negro y Chubut se ha ido reconfigurando en la última década. Se estima que capitales de Qatar y Emiratos Árabes controlan entre 60 y 70 mil hectáreas en zonas de altísimo valor estratégico: nacientes de ríos, ojos de agua dulce, bosques nativos e incluso fronteras internacionales. Infraestructuras como pistas de aterrizaje privadas de dimensiones aeroportuarias en Bahía Dorada o microcentrales hidroeléctricas propias sobre el arroyo Baguales operan de facto como enclaves autónomos.
El “dime y direte” de los discursos oficiales
Al igual que en los tiempos de Sarmiento, los gobiernos de turno ensayan discursos para encuadrar estas operaciones dentro de una lógica de beneficio mutuo, chocando de frente con el escepticismo de las comunidades locales.
Por un lado, los gobernadores patagónicos, como Alberto Weretilneck (Río Negro) o Ignacio “Nacho” Torres (Chubut), suelen defender la llegada de estos capitales bajo el argumento del “desarrollo turístico de alta gama” y la atracción de inversiones. Sostienen que se trata de tierras privadas en zonas inhóspitas donde el Estado provincial no cuenta con los recursos para invertir, y que proyectos como cotos de caza mayor o centros de esquí ultraexclusivos generan divisas y empleo local.
A nivel nacional, el gobierno de Javier Milei fundamenta la necesidad de liberar los límites de la Ley de Tierras argumentando que la normativa vigente de 2011 (que pone un tope del 15% a la extranjerización) funciona como un cepo burocrático que asusta al capital internacional. Según la óptica oficialista, el mercado libre de tierras es la llave para reactivar sectores estratégicos como la minería, la energía y la agricultura de gran escala, trayendo la “modernización” que el país necesita.
La respuesta social: La soberanía no se delega
Frente a la narrativa del progreso que bajan los despachos oficiales, las organizaciones territoriales, científicos del Conicet agrupados en el Observatorio de Tierras y comunidades originarias plantean una resistencia contundente. Científicos de la UBA advierten que liberar totalmente los topes por nacionalidad y permitir la venta de “ojos de agua” (hoy prohibido) pone en jaque la seguridad nacional.
Como señala Orlando Carriqueo, vocero de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de Río Negro, cualquier reforma que ignore los derechos indígenas sobre los territorios ancestrales carecerá de “seguridad jurídica” real. Para quienes habitan el territorio, la llegada de estos enclaves blindados ha transformado el paisaje: la prohibición de pescar en ríos históricos, la aparición de puestos de vigilancia armados y el avasallamiento de lagunas sagradas.
Conclusión: El valor del escepticismo periodístico
En el siglo XIX, la sociedad civil dudó de las intenciones de un Estado central que miraba al sur con desdén económico; hoy, la sociedad vuelve a dudar de un discurso que pretende cambiar recursos vitales no renovables por promesas de reactivación financiera.
La historia demuestra que la Patagonia nunca fue ese “desierto estéril” que justificaba el desapego, sino una de las reservas de agua y aislamiento geopolítico más codiciadas de la Tierra, al punto de transformarse en el refugio estratégico de las coronas del Golfo Pérsico. Desarmar los vacíos legales y contrastar las promesas oficiales con la realidad de los territorios no es una postura partidaria: es el ejercicio del periodismo serio para que, finalmente, el pueblo sepa de qué se trata.
Servicio informativo IN-F
