ActualidadNacionalesOpiniónPolítica

EBRIEDAD DE PODER – EL PROBLEMA DE EMBORRACHARTE CON EL PRODUCTO DE TU PROPIA DESTILERÍA

Compartir esta nota:

Por Santiago Martínez

Hay una regla no escrita en el manual de cualquier alquimista responsable: “No consumas tu propio producto de alto octanaje”. Pero en la Casa Rosada, los protocolos de seguridad parecen haber sido derogados por DNU. Bajo la cúpula de Balcarce 50, se ha instalado una micro-destilería de alta pureza que elabora una de las drogas más adictivas del mundo: la adulación.

Imagen creada con IA

El problema no es que el oficialismo haya montado este laboratorio para consumo externo —después de todo, para eso están los “medios hegemónicos”, que por ello obtienen una mejor tajada y el ejército de trolls de WhatsApp y X, que tampoco lo hacen gratis—, sino que el propio “Presi” y su mesa chica están ebrios del producto que destilan.

El sabor amargo de la autocrítica

Como en cualquier círculo de adictos, los síntomas de la intoxicación son evidentes: pérdida del sentido de la realidad, paranoia hacia los que “no beben” y agresividad contra quien señale que la botella está vacía.

Esto de lo que hablamos es la “lógica de la patota”, es la manifestación social de esta borrachera. El líder, completamente obnubilado por el vapor de su propio relato (“Soy un fenómeno mundial”, “El soviet me infiltra”), ya no piensa; solo reacciona. Y los que lo rodean, para no ser expulsados de la “fiesta”, actúan como el hígado de la patota: procesan las órdenes del líder y eliminan violentamente cualquier disidencia.

El caso de la vicepresidente, Victoria Villarruel, es el “Lilia Moment” (término inventado por la diputada Lilia Lemoine, que se ve que se auto-percibe intelectual) perfecto de este comportamiento. Al atreverse a pensar por sí misma y tener una mirada crítica (lo cual sería sano en cualquier ambiente sobrio), la patota digital, avalada y alentada por el líder, la tildó de traidora. En su estado de ebriedad, el gobierno no ve una autocrítica como una oportunidad de ajuste, sino como un ataque personal de un “topo” aliado del peronismo. Prefieren reventar a un miembro propio antes que admitir que su “producto” no es infalible.

La resaca de 2027

La historia nos enseña que las borracheras de poder suelen ser épicas, pero la resaca es brutal. Milei se siente fuerte porque además de la auto-adulación de la patota, permanentemente potencia y actualiza el espanto al “perokirchnerismo” para mantener anestesiado a ese “aliado trabajador” del interior. Pero el efecto de la anestesia es temporal.

Sin una “hinchada” que ponga el cuerpo en la calle (salvo que contraten alguna barra-brava), y confiando su supervivencia a un FMI, que no regala créditos y a un Donald Trump, con más preocupaciones por sus propios juicios y su pretendida reelección (que deberá enfrentar más temprano que tarde), que por salvar a un colega del sur, Javier Milei corre el riesgo de despertar en 2027 en una celda vacía.

El silencio del “chupamedias”

Ese despertar tardío, del que hablábamos, llegará cuando los mismos medios hegemónicos que hoy aplauden cada eructo del líder, comiencen a ventilar y “desnudar al rey” depuesto de la gestión de un gobierno que se olvidó de que la embriaguez del poder no es alimento, solo es alcohol que marea.

In-formados no esperará a que se corte la música de la fiesta para contar lo que pasa. Hoy, mientras los “ebrios” bailan sobre la cornisa, nosotros estamos acá para recordarles que la realidad no desaparece. De nada sirve pelearse con las encuestas, salvo para convencer a los giles de que los número no son verdaderos. Es importante ser conscientes de que por más que se rompa el termómetro, la fiebre no desaparece por sí sola.

Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *