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Milei defendió su plan económico en la AmCham y relativizó el dato de inflación

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Tras conocerse el 3,4% de marzo, que cortó la racha de descenso, el Presidente intentó explicar el número con tecnicismos y abstracciones teóricas. Para sostener el relato de “lo peor ya pasó”, el equipo económico recurre a un ilusionismo estadístico digno de un prestidigitador con pulso tembloroso: quitar los aumentos molestos de la gráfica para vender un éxito que la economía real, todavía sin motor, no logra percibir.

Javier Milei encabezó el cierre de la reunión anual de AmCham Foto Federico López Claro

Este martes, apenas horas después de que el INDEC diera a conocer la inflación de marzo, el presidente Javier Milei se presentó ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham). Lo que se esperaba fuera un discurso de rutina se transformó en una defensa encendida de su gestión, marcada por un intento de reinterpretar los datos oficiales que muestran, por primera vez en meses, un freno en la tendencia a la baja.

Los Números Fríos y la Teoría Caliente

El IPC de marzo marcó un 3,4%, acumulando un 9,4% en el primer trimestre de 2026. Si bien la cifra no representa un salto dramático respecto al mes anterior, cortó la secuencia de descensos que el oficialismo celebraba como la prueba de su éxito. Ante este escenario, Milei abandonó el tono técnico habitual y admitió que la cifra le “repugnaba”.

Sin embargo, el “empantanamiento” discursivo se produjo cuando intentó justificar el número. Recurriendo a lo que se conoce como un “sesgo de selección” o cherry picking, el mandatario ensayó una suerte de matemática hipotética. Argumentó que si se restaban del índice elementos “volátiles” o estacionales como la carne, la educación (que saltó un 12,1% por el inicio de clases) y el transporte (que subió 4,1%), la “inflación núcleo” estaba bajando.

El Vuelo sin Motor

Este intento de fragmentar el dato oficial para cambiar su interpretación fue recibido con escepticismo por diversos analistas. Al “limpiar” la estadística de sus componentes más pesados, el discurso oficial parece estar analizando un país hipotético, alejándose de la economía real que percibe el ciudadano en la góndola. El argumento de “si sacamos del cálculo determinados elementos desfavorables, la inflación es baja” sonó más a una maniobra manipuladora de comunicación de crisis que a una explicación pragmática.

La situación semeja la analogía de un avión en emergencia: el gobierno ha decidido aligerar el peso desprendiéndose de los “motores” (carne, narftas, Educación, Servicios, Tarifas…) de la gestión política y la intervención estatal, confiando ciegamente en que las leyes del mercado permitirán que la nave “planee” hacia un aterrizaje suave. Pero sin motor, la nave solo cae con estilo hasta que la gravedad gana y luego, sólo cae. El discurso en la AmCham mostró las dificultades de convencer a los pasajeros de que esos motores no eran necesarios.

El Rescate Externo y el Ilusionismo Político

El contexto del discurso no fue casual. Coincidió con la aprobación, por parte del FMI, de un desembolso de 1.000 millones de dólares, un “rescate” que proporciona oxígeno financiero al Banco Central pero que no soluciona las tensiones inflacionarias de fondo. Depender del “aire de afuera” mientras la economía productiva sigue “empantanada”, porque el gobierno le ha quitado las ruedas, delata la falta de un plan propio sostenible a corto plazo.

La comunicación del gobierno parece atrapada en una puesta en escena similar a la de un ilusionista. Intentan hacer desaparecer al “elefante de la inflación” dentro de una habitación llena de gente que lo está tocando. El éxito del truco depende de la complicidad de quienes eligen sostener la fe y de un ángulo de cámara que no muestre los baches. Pero en vivo y sin red, como sucedió en el video de la AmCham, el pulso del prestidigitador parece temblar, y las cartas caen al suelo.

Para el ciudadano que vive en tiempo real, las promesas de ser una “potencia mundial en 35 años” empiezan a sonar a los cohetes a la estratósfera de tiempos pasados, claro, a diferencia de lo que ocurre hoy, en el pasado, Carlos Saul Menem todavía contaba con las bondades del éxito del “Plan de Convertibilidad. Hoy, ni siquiera parece haber un “plan”. La realidad del bolsillo es el único censor que el ilusionismo oficial no puede comprar.

Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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