TRUMP, MILEI, EL PODEROSO REY CRESO Y SU OBSESIÓN POR DESTRUIR EL IMPERIO PERSA, EL ORÁCULO DE DELFOS, EL FURIOSO ATAQUE Y EL DESASTRE FINAL. UNA ANTIGUA HISTORIA DE GENTE PODEROSA, SOBERBIA, Y MUY ESTÚPIDA
Fuente: Hugo Asch
(tomado de su muro de FB)
“Una civilización entera morirá esta noche, para no volver jamás”. Ultimátum de Donald Trump a Irán el martes 7 de abril de 2026. La guerra continúa.

Tomado del muro de FB de Hugo Asch
“La confianza mata al hombre y embaraza a la mujer”, repetían los grandes cuando yo era adolescente. Yo callaba pero, más allá de la rústica ironía, no estaba de acuerdo con la frase. Para nada.
La confianza, diría Spinoza, es una ‘pasión alegre’, no algo para desconfiar. Incluso una ‘enorme confianza’ es fantástica. Siempre.
Una confianza ciega, desmesurada, irracional ya es otra cosa muy diferente. Se trata de un rasgo común en personas soberbias, inseguras, rigurosamente estúpidas.
En los últimos meses nos hemos acostumbrado a leer y escuchar frases rimbombantes de gente muy estúpida. Personas con poder que declaran guerras, matan gente, desesperan al mundo.
Son una desgracia esos sujetos tan brutos, rústicos, viscosos. Ni siquiera se preocupan en conocer la historia.
De haberla leído –un poquito nomás–, tal vez le hubiesen ahorrado mucho dolor al mundo, y ellos no tendrían problemas tan serios por los que deberán responder…. Pronto.
1. “SI CRUZÁS ESE LÌMITE VAS A DESTRUIR UN GRAN IMPERIO”, DIJO LA PITONISA. ¡Y EL TIPO VA, Y LO CRUZA!
En sus ‘Historias’ (Libro 1: Clío), el geógrafo griego Heródoto, al que la mayoría considera el padre de la historia occidental, se detiene en la curiosa parábola final del rey Creso.
Creso, el rey de Lidia –un territorio que ocupaba gran parte de lo que hoy es Turquía– era un monarca famoso en el siglo VI antes de Cristo por su exuberante riqueza.
Gobernaba con mano firme y además se permitía disfrutar del arte y los placeres carnales. La pasaba bien, pero tenía una obsesión que no lo dejaba en paz. Lo preocupaba el crecimiento y la política expansionista de su vecino, el Imperio Persa de Ciro II, el Grande.
Sentía que era una amenaza real a su poder en la región; y además quería vengarse de un tema personal: Ciro II había destronado a su cuñado Astiages, el último rey medo.
Persia era un peligro y debía ser aniquilada.
Precavido, o solo temeroso de la ira de los dioses, el rey Creso envió mensajeros para consultar al Oráculo de Delfos. Quería saber si era conveniente o no iniciar esa guerra.
La pitonisa contestó con una frase breve y ambigua: “Si Creso cruza el río Halis, destruirá un gran imperio”.
El río Halis, justamente, marcaba la frontera entre Lidia y Persia.
Era todo lo que Creso quería escuchar. Al día siguiente armó a sus hombres y los preparó para iniciar la invasión, a principios del año 547 antes de Cristo.
Ensimismado, seguro de la victoria y arengando a su tropa, Creso cruzó el río Halis.
La peor decisión de su vida.
2. EL ORÁCULO DE DELFOS NUNCA FALLA Y NO FALLÓ. PERO, ¿CUÁL IMPERIO SERÍA VENCIDO? ¿PERSIA… O LIDIA?
El rey Creso, tan ciego y tan necio, en ningún momento imaginó que el gran imperio que iba a caer en esa guerra era el suyo.
Tenía más hombres y mejor pertrechados, pero no pudo contra la audacia táctica de las fuerzas persas.
Ambos ejércitos chocaron de frente como dos trenes en la sangrienta batalla de Pteria. Hubo muchas bajas. Más, del lado lidio.
Creso decidió replegarse. Huyó a Sardes, la capital de su reino, y mandó mensajes urgentes para que sus aliados de Egipto, Babilonia y Esparta le mandaran refuerzos para continuar la guerra a comienzos del invierno.
No tuvo tiempo.
Cirio II, contra todo plan militar de la época, decidió seguir adelante. Cruzó el río Halis e invadió Lidia. La batalla final fue en Timbrea, en las afueras de Sardes.
La poderosa caballería lidia fue desarticulada por completo con un recurso táctico insólito pero efectivo. El arma secreta fueron… sus camellos.
Harpago, uno de los generales persas decidió quitarles la carga de equipos y suministros a los camellos, y en su lugar colocó jinetes armados. Los caballos lidios, al ver y oler esos animales nunca antes vistos, entraron en pánico y provocaron un desbande épico.
Fue una derrota humillante para Creso, que se refugió tras los muros de su propia ciudad con los sobrevivientes de la batalla.
Sardes fue sitiada durante 14 días. El rey Creso finalmente fue capturado. Cirio II se quedó con todo su oro. Lidia fue anexada al Imperio Persa.
El oráculo tenía razón, solo había que pensar.
No todos saben hacer eso.
3. ‘EL MUNDO ES UN LUGAR SINIESTRO CABALLEROS’, Y ENCIMA ALGUNOS TIPOS INSISTEN EN EMPEORARLO
El imperio Persa hoy se llama Irán, y es la civilización que Donald Trump anunció que sería borrada del mapa, así como así, ¡puf!, hace un par de semanas. Bla, bla, bla.
En la misma sintonía, como el perro de Pavlov, Javier Milei recibió el estímulo y declaró, mientras le entregaban un ‘doctorado Honoris Causa’ en la Universidad Bar-Ilan:
“Con determinadas culturas no vamos a poder convivir. Porque nosotros defendemos la vida, y ellos nos van a querer matar”.
Ay.
¿Qué tiene esta gente en la cabeza?
Hace más de dos mil quinientos años fue Creso, ‘el rey más rico del mundo conocido’ contra Cirio II el Grande, el astuto rey Persa y su exótico truco de los ‘camellos aterradores’.
Hoy es ‘Trump & Netanyahu’, que cada tanto sacan a pasear a su mascota Milei, todos contra Irán y sus aliados, en busca del petróleo.
Rompen todo estos tipos.
No es fácil el mundo. Nunca lo fue. Hay gente siniestra y guerras crueles de malos contra malos.
En el medio, indefensa, la gente. Aquí, allá, y en todas partes.
Algún día toda esta porquería debiera terminar.
Nota del editor: No es facil, estimado Hugo. Parece que aquellos que han alcanzado, o superado, cierto nivel de poderío, acusan y evidencian padecer un proporcional porcentaje (altísimo) de paranoia que los hace considerar a otros como sus futuros letales enemigos a los que, decididamente, deben destruir antes de que sean lo suficientemente poderosos como para que representen un peligro real.
Así, con sus enfermas mentes, van destruyendo a todo “potencial enemigo”, convirtiéndose en aquello mismo que suponen que sus víctimas podrán ser, si las dejan vivir, o crecer (aunque ellos no puedan verse así, a si mismos, sino todo lo contrario y más tarde, ven también como enemigos a todos aquellos que se manifiesten en contra de sus “tareas preventivas, con las que habrían -según sus propias miradas- logrado “aniquilar el mal”).
Todo se vuelve un gran ciclo de locura que semeja una situación de comedia absurda en la que, “el más cobarde, se encuentra de pronto manipulando una ametralladora con la que, impulsado por el miedo extremo, comienza a disparar hacia todos lados, aniquilando a todos a su alrededor. Cuando ya no queda nadie en pie, el peligro se ha extinguido.” Parece un disparate, pero tristemente es lo que parece estar pasando en el mundo.
