ActualidadEconomíaEscándaloOpiniónPolíticaSociedad

EDITORIAL: El blindaje del Jefe de Gabinete y la anatomía del pararrayos político

Compartir esta nota:

La política argentina nos tiene acostumbrados a los enroques vertiginosos y a las estrategias de supervivencia, pero el escenario actual en torno a Manuel Adorni —ya no en su anterior rol de vocero, sino consolidado como Jefe de Gabinete de Ministros— expone con crudeza los hilos detrás del poder. Hoy nos encontramos ante un jefe de ministros que, lejos de coordinar la marcha del Estado, parece un funcionario ocupado, y fundamentalmente preocupado, por su propio futuro inmediato. Sin embargo, en esa parálisis funcional radica, paradójicamente, una suerte para la gestión diaria: ante la ausencia de una jefatura activa, cada ministro se ve obligado a suplir ese vacío gestionando los problemas directamente desde su área.

Por Santiago Martínez

Imagen tomada de la web

La pregunta de fondo ya no es qué hace el Jefe de Gabinete, sino por qué sigue allí. Las explicaciones televisivas que ensayó recientemente rozaron el absurdo y abrieron una fuerte grieta de opiniones en su propio espacio: mientras el ala dura pretendía un apego estricto al protocolo —presentar la declaración jurada y llamarse al silencio—, la sobreexposición mediática no hizo más que alimentar las contradicciones y agigantar la escala del conflicto. Ante la opinión pública, el intento de pasar por un mero evasor o desprolijo impositivo antes que por un ladrón terminó dinamitando su credibilidad. El cinismo tiene un límite, y cuando el relato no sostiene el peso de la realidad, la sociedad devuelve la misma crudeza e inflexibilidad con la que el propio funcionario solía despachar los reclamos legítimos desde el estrado.

El archivo digital es el peor enemigo de la opulencia retrospectiva. En las redes sociales circula con fuerza un tuit de octubre de 2018, una época donde el relato oficial intenta ubicarlo como un acaudalado e idóneo inversor de Bitcoin. Sin embargo, en aquel mensaje, Adorni confesaba textualmente un “papelón” doméstico: le habían cortado el suministro eléctrico en su casa por falta de pago. Este contraste borra de un plumazo la narrativa de la fortuna previa y enciende las alarmas sobre la velocidad de su posterior evolución patrimonial.

Pero el verdadero trasfondo de su permanencia va mucho más allá de una declaración jurada inconsistente. Sostener a Adorni en la Jefatura de Gabinete a pesar del desgaste ético y de los reproches internos —como los trascendidos sobre sus reclamos a Patricia Bullrich para que no ventile diferencias en público— responde a un frío cálculo de mitigación de daños por parte del Presidente.

¿Qué pasaría si Adorni diera el paso al costado que la salud institucional exige? ¿De qué estarían hablando los medios y la opinión pública si el funcionario ya no estuviera en su cargo? La respuesta es incómoda para el Gobierno: el vacío de la agenda pública sería copado de inmediato, y sin intermediarios, por el avance y las revelaciones de causas judiciales de enorme calibre estructural, como la causa #Libra y la causa #Andis.

A esto se suma el lodazal de lo que podemos denominar “retornos indirectos”: ese complejo y opaco esquema de contrataciones donde familiares directos del Jefe de Gabinete terminan vinculados a empresas privadas que operan como proveedoras de las grandes contratistas del Estado. Una pantalla legal que elude el nepotismo directo pero que en la práctica funciona como un fenomenal amortiguador de favores políticos.

En esa misma situación, podría ubicarse a la empresa de suplementos dietarios de Martín Menem que es proveedora de la empresa Suiso Argentina de los hermanos Kovalivker y que si bien, es su proveedora desde hace muchos años, no fue hasta que comenzó la administración Milei que los pedidos se dispararon exponencialmente. Luego de estar adormecida, la atención de los medios volvió a instalarse sobre este tema, luego del reciente fallecimiento del socio de Menem, Daniel Osorio Peñaloza.

Retirar al funcionario en este momento no sería leído por el Gobierno como un acto de transparencia, sino como una muestra de debilidad que activaría un efecto dominó incontrolable. Por eso, el Presidente prefiere asumir el costo político de defenderlo enfáticamente bajo el dogma de “no ceder ante la presión”. Adorni ha dejado de ser un coordinador de ministros para convertirse en un fusible blindado artificialmente: un pararrayos mediático y un escudo humano diseñado para absorber los golpes del barro diario, evitando que la sociedad concentre su mirada en las cajas y en las causas judiciales que verdaderamente queman en el corazón del poder.

Servicio informativo IN-F

Recibí el Menú Ejecutivo de Noticias.

La información más importante de la región, directo en tu bandeja de entrada todas las mañanas.

Respetamos tu privacidad. No enviamos spam y podés darte de baja cuando quieras.

¿Te gustó nuestra nota? ¿Querés recibir tu Menú Ejecutivo?

Sumate a una comunicad que elige entender la realidad de nuestra región y recibí todas las mañanas el Menú Ejecutivo de In-formados.

No enviamos spam. Respetamos tu privacidad. y podés darte de baja cuando quieras.

Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *