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¿Datos o “relatos”? La verdad a medias detrás de una economía en supuesta expansión

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En los últimos meses, el panorama económico argentino se ha convertido en un campo de batalla conceptual donde se enfrentan dos visiones irreconciliables. Por un lado, el discurso oficial y el Ministerio de Economía emiten recurrentes mensajes asegurando que la macroeconomía se encuentra en una fase de pleno crecimiento y ascenso. Desde los despachos oficiales se acusa de manera sistemática a los medios de comunicación de construir un “relato” catastrofista. Sin embargo, cuando se analizan los datos duros y auditados del sector privado, la tesis oficial tropieza con una verdad incómoda: el consumo de mercaderías básicas está sufriendo un desplome histórico.

Editorial IN-FORMADOS

El indicador más contundente de esta fractura socioeconómica proviene del último informe de la consultora especializada Scentia, cuyas cifras (que corresponden al gráfico de la imagen) están dando vueltas por todo el país, desnudando una paradoja alarmante: el hundimiento del consumo básico sobre una base que ya venía degradada el año pasado. El consumo masivo, lejos de reflejar una reactivación, se hundió un 4,7% mensual en abril.

La radiografía del hundimiento masivo

Al desglosar las variables publicadas por Scentia respecto a las variaciones de volumen de consumo principal, queda en evidencia que la retracción afecta de forma transversal la distribución de bienes básicos. El análisis interanual (Abril 2026 vs. Abril 2025) arroja una contracción general del -3,8%, mientras que el indicador acumulado del año (YTD) marca una baja del -3,3%.

Los datos por canales muestran un escenario uniforme de caída:

  • Supermercados de cadena: -4,5% mensual (Abr ’26 vs Mar ’26) y -5,2% en el acumulado del año.
  • Mayoristas: -4,3% mensual y -4,5% interanual.
  • Autoservicios independientes (almacenes de barrio): -2,2% mensual y -4,0% en el año.
  • Kioscos y tabaco (K+T): -6,6% mensual.
  • Farmacias: El dato mensual es quizás el más dramático, con una caída del -9,4% en abril respecto a marzo, lo que sugiere que la población ha comenzado a recortar incluso en insumos médicos y de salud esenciales (salvo que el gobierno salga a decir que la población no se enfermó o que los enfermos se curaron, o incluso, quizás, podrían decir que volvieron a creer en curanderos).

La única excepción visible en la medición interanual es el E-commerce (ventas por internet) que tuvieron un aumento de +40,4%, un fenómeno que los analistas atribuyen a la migración forzada de consumidores hacia plataformas digitales en busca de promociones agresivas o financiamiento para eludir la pérdida de poder adquisitivo, aunque representa una porción minoritaria del consumo de subsistencia (no se pueden comprar alimentos perecederos, como carnes, verduras o frutas, por internet).

El costo humano: Cierres de plantas y la exigencia de “adaptarse”

Este retroceso drástico de las ventas tiene un correlato directo en el aparato productivo nacional y en las fuentes laborales, ya que las empresas no pueden sostener estructuras operativas para niveles de demanda inexistentes.

Un ejemplo emblemático de esta crisis es la firma avícola Granja Tres Arroyos, que recientemente paralizó las operaciones en su planta ubicada en la provincia de Entre Ríos, poniendo en riesgo inminente la continuidad de 950 puestos de trabajo directos y afectando severamente a toda la economía regional.

La situación en el sector industrial y comercial no es diferente. Referentes del sector privado, como Emmanuel Fernández, dueño de la marca de calzado Zapatillas Kioshi, describen el panorama actual con crudeza, señalando que la caída del consumo es “total”. Ante esto, las respuestas emitidas desde la esfera pública rozan la indolencia discursiva: la recomendación gubernamental hacia el empresariado y los trabajadores se limita a la premisa de que “se tienen que adaptar” a las nuevas condiciones del mercado.

La trampa financiera del endeudamiento

En paralelo a la precarización del trabajo y los salarios, el sistema financiero profundiza la asimetría. Mientras el Banco Central reduce consistentemente la tasa de interés de los plazos fijos —perjudicando al pequeño ahorrista—, el Banco Nación ofrece líneas de crédito diseñadas para que la gente pague sus deudas corrientes. El problema medular radica en que estos créditos se otorgan a una tasa altísima, atrapando al consumidor en un círculo vicioso de endeudamiento permanente para cubrir baches de subsistencia. Las tasas de los plazos fijos bajan, pero no la de los créditos.

Epistemología de la postverdad: ¿Quién difunde datos y quién relatos?

Este escenario obliga a plantear un debate crucial sobre la comunicación política: ¿Quiénes están valiéndose de “datos” y quiénes de “relatos”?

El ministro de economía insiste en que las críticas constituyen una narrativa ideológica sesgada. No obstante, al confrontar ambos discursos, se observa que la versión oficial se ampara en variables exclusivamente macroeconómicas —como el superávit fiscal o la acumulación de reservas— para diagnosticar un “ascenso” de la economía. Estos indicadores pueden ser técnicamente ciertos, pero corresponden a una dimensión abstracta de las finanzas del Estado.

Por otro lado, los índices de consumo de alimentos, el cierre de fábricas y la pérdida de empleo formal son datos fácticos de carácter microeconómico, provistos por consultoras de mercado y registros de empleo reales. Por ende, el verdadero “relato” consiste en pretender que el saneamiento de las cuentas públicas equivale de manera automática al bienestar de la población, omitiendo de forma deliberada el costo social del proceso. Esto explica, en gran parte, por qué el presidente comienza a mostrar un descenso en las encuestas de opinión e imagen de cara a su proyección política.

Aquí radica el peligroso mecanismo de la verdad a medias. Si un gobierno expone de manera exclusiva que las variables financieras se han estabilizado, está diciendo una verdad. Pero si omite decir toda la verdad —que dicha estabilización se logró mediante una histórica licuación de salarios y la parálisis del consumo básico— se induce deliberadamente a la sociedad a una falsa percepción de la realidad. Esta manipulación informativa genera una profunda brecha entre la experiencia cotidiana del ciudadano común (que experimenta precarización y restricciones en su alimentación) y la propaganda oficial que celebra un milagro económico invisible en las calles.

Conclusión Editorial: Una economía no asciende si sus ciudadanos dejan de consumir alimentos y medicamentos. Los números de Scentia no representan opiniones políticas; representan el inventario de la crisis. Ocultar la mitad del cuadro no soluciona el problema, solo retrasa el momento en que el relato deba rendir cuentas ante los datos de la realidad.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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