El zarpazo impositivo que viene: el plan oficial para licuar el Monotributo y ampliar Ganancias
La voracidad fiscal del Gobierno Nacional ha encontrado un nuevo e inesperado enemigo: el trabajador independiente. En las últimas horas, documentos internos y directivas del Fondo Monetario Internacional (FMI) dejaron al descubierto la hoja de ruta que el ministro de Economía, Luis Caputo, analiza bajo estricto hermetismo. El objetivo es tan claro como alarmante: desmantelar o encarecer drásticamente el régimen del Monotributo para obligar a millones de cuentapropistas, profesionales y pequeños comerciantes a tributar bajo el Régimen General, incrementando de forma agresiva la recaudación del Impuesto a las Ganancias y el IVA.
Por la Redacción de IN-FORMADOS

Javier Milei, Kristalina Georgieva y Luis Caputo | Foto: LN
Esta iniciativa expone, una vez más, la total falta de sensibilidad de una administración capaz de asfixiar financieramente a quienes ya no tienen margen siquiera para cubrir la canasta básica de sus hogares, mientras en paralelo se celebran beneficios fiscales para los sectores más concentrados de la economía.
La masa de trabajadores en la mira
El Monotributo, un sistema creado hace casi tres décadas para simplificar la vida de los pequeños contribuyentes y reducir la informalidad, hoy cobija a más de 4,7 millones de argentinos. En un contexto recesivo donde el empleo asalariado en blanco se encuentra congelado, el refugio de los trabajadores ha sido el cuentapropismo.
Sin embargo, para el Ministerio de Economía y los técnicos del organismo internacional, este universo representa una “pérdida de recaudación”. El diagnóstico oficialista, compartido en reuniones privadas con cámaras empresarias, califica de forma despectiva al Monotributo como un “régimen de ocultamiento parcial” de la actividad económica. Bajo esa premisa ideológica, la meta es recaudar entre un 0,4% y un 1% adicional del PBI barriendo con los beneficios del sistema simplificado.
¿Qué es lo que se viene? La trampa del Régimen General
La reforma que el Palacio de Hacienda se comprometió a presentar antes de fin de año contempla dos vías de ahogo para el bolsillo del trabajador intermedio:
- Destrucción o encarecimiento del Monotributo: Se busca reducir drásticamente los beneficios fiscales y equiparar las alícuotas con el régimen general. Esto significa una suba sideral en la cuota mensual.
- El salto al vacío de Ganancias e IVA: Aquellos pequeños contribuyentes que queden fuera del nuevo esquema serán empujados a la categoría de Responsables Inscriptos (Autónomos). Esto implica empezar a pagar el Impuesto a las Ganancias desde escalas mucho más bajas y lidiar con el 21% del IVA en sus operaciones, obligando además a la inmensa mayoría a contratar servicios estables de contadores para subsistir en un laberinto burocrático.
El impacto de este cambio no solo destruirá el ingreso disponible de la clase media profesional, sino que se trasladará de forma inmediata a los precios de los servicios y comercios de cercanía, profundizando la recesión generalizada que ya golpea al consumo.
Ajustar al que produce, perdonar al concentrado
La contradicción discursiva del Gobierno roza el cinismo. El presidente Javier Milei repitió hasta el cansancio en campaña que “antes de subir un impuesto se cortaría un brazo”. No obstante, la realidad de la gestión de Caputo demuestra que el superávit fiscal “dibujado” de las cuentas públicas se sostiene mediante una transferencia de recursos brutal: se le quita al eslabón más débil para compensar las cuentas del Estado.
La falta de empatía social queda en evidencia al observar el orden de prioridades. Mientras se planifica este zarpazo sobre los 4,7 millones de monotributistas, el Ejecutivo avanzó decididamente en la reducción de las retenciones a las exportaciones de granos para los grandes conglomerados agropecuarios. Es decir, hay alivio impositivo para los sectores con mayor capacidad contributiva, pero hay látigo fiscal para el plomero, el electricista, el comerciante de barrio, el docente particular o el diseñador que pelea el día a día en la informalidad o el cuentapropismo.
El costo de la insensibilidad
Detrás de las planillas de Excel que el ministro de Economía exhibe con orgullo ante los organismos financieros internacionales, hay familias reales. Despojar de sus ingresos básicos a quienes apenas logran sostener a sus hijos bajo la línea de la pobreza no es “ordenar la economía”; es una declaración de guerra hacia la fuerza laboral independiente del país.
Si el Gobierno decide avanzar con la eliminación o la desfiguración del Monotributo, no logrará una economía más formalizada. Por el contrario, empujará a millones de argentinos a la clandestinidad económica absoluta o a la quiebra de sus microemprendimientos. Una vez más, el “relato” del orden fiscal choca de frente con una dolorosa certeza: el ajuste no lo paga la política, lo pagan los que trabajan por su cuenta para sobrevivir.
Servicio informativo IN-F
