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El turismo de la discriminación: Brasil aplica “tolerancia cero” ante un nuevo caso de racismo extranjero

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Una turista española fue detenida en el aeropuerto de San Pablo tras insultar a empleados a los que tildó de “monos”. El episodio replica conductas recientes de ciudadanos argentinos, como el caso del hombre procesado hace días en Minas Gerais por fotografiar a un niño y sugerir en un chat que se lo llevaría como “esclavo”.

Por: Redacción IN-FORMADOS

La turista española, cuya identidad aún no ha trascendido, fue detenida en Brasil.

El racismo y la injuria racial ya no tienen margen de impunidad en la justicia de la República Federativa del Brasil. Lo que muchos extranjeros insisten en relativizar bajo la coartada de “un momento de furia” o una “broma pesada”, en el país vecino se tramita de forma directa tras las rejas. El último episodio, registrado este miércoles en el Aeropuerto Internacional de Guarulhos (San Pablo), involucró a una ciudadana española, pero su matriz de comportamiento es idéntica a la que recientemente protagonizaron varios turistas argentinos.

El caso en San Pablo: “Aquí solo hay monos”

Un avión no relacionado con el hecho, estacionado este miércoles en el aeropuerto de Guarulhos de São Paulo. | Imagen tomada de la web.

El hecho ocurrió cuando un vuelo de la empresa LATAM aterrizó en San Pablo en medio de un severo temporal. La demora en la colocación de las escaleras de desembarque generó la queja de los pasajeros, pero una turista de nacionalidad española llevó la frustración hacia el terreno delictivo. Ante la vista de la tripulación y el resto de los viajeros, comenzó a proferir insultos degradantes hacia los trabajadores de pista, exclamando de manera reiterada que en el lugar “solo hay monos”.

La reacción del entorno fue inmediata. Tras la denuncia de los testigos, la Policía Federal brasileña ingresó a la aeronave apenas se abrieron las puertas y procedió al arresto en flagrancia de la mujer bajo el cargo de injuria racial. En Brasil, este delito está equiparado al de racismo desde el punto de vista penal: contempla penas de 2 a 5 años de prisión efectiva, es imprescriptible y no permite la excarcelación bajo fianza simple.

El espejo de los casos argentinos: De la “broma” a la celda

La detención de la ciudadana española no es un hecho aislado, sino que se alinea con una seguidilla de antecedentes que tocan de cerca a la opinión pública de nuestro país. El paralelismo más crudo y reciente ocurrió hace menos de un mes en el estado de Minas Gerais, y tiene como protagonista a un ciudadano argentino de 63 años, identificado como Eduardo Ignacio Murias.

A finales de mayo, mientras viajaba en el tradicional tren turístico María Fumaça entre las localidades de São João del Rei y Tiradentes, Murias fue descubierto por otros pasajeros filmando y fotografiando sin consentimiento a un niño brasileño de 7 años que viajaba junto a su madre. Al ser confrontado y revisado su teléfono, la justicia constató que el hombre enviaba las imágenes a un chat de WhatsApp acompañado de frases de explícito tenor racista y esclavista: “Al lado mío en el tren, es negrito, pero muy lindito, gorda, lo puedo llevar de esclavo” y “Estoy pensando llevar un esclavo, hay muchos aquí. Puedo llevar una esclava para que cuide tus nietas”.

Al igual que la turista española, Murias fue detenido de inmediato en el lugar y, a mediados de este mes de junio, la justicia brasileña dictó su procesamiento formal. El argumento de que se trataba de un comentario “humorístico” o privado fue desechado de plano por los magistrados. Este caso se suma al de la abogada santiagueña Agostina Páez, quien a principios de año pasó semanas detenida y con tobillera electrónica en Río de Janeiro tras realizar gestos imitando a un mono frente a empleados de un local en Ipanema, y al de otro ciudadano argentino arrestado en Copacabana en abril por agresiones verbales de la misma índole.

El choque cultural con la ley

El análisis de estos episodios expone una preocupante constante: el turista europeo o sudamericano que ingresa a Brasil arrastrando dinámicas de discriminación naturalizadas en sus países de origen, donde este tipo de conductas suelen quedar reducidas a una contravención menor o al repudio social.

Brasil, un país marcado por profundas heridas sociohistóricas y que registra un incremento del 67% en las denuncias por delitos de odio en el último período, ha decidido institucionalizar una política criminal de asfixia contra el racismo. La lección para el viajero internacional es taxativa: las fronteras no solo dividen territorios, sino también regímenes penales. Lo que en un chat privado de la Argentina se pretende camuflar como “chiste”, del otro lado de la frontera es una causa penal con destino de pabellón.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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