ANTE LA NECESIDAD Y LA PROMESA INCUMPLIDA, SANTA FE SE ARREMANGÓ Y DIJO “MANOS A LA OBRA”
Hay deudas históricas que, a fuerza de promesas rotas, terminan convirtiéndose en monumentos a la desidia. Para los habitantes del área metropolitana de Santa Fe y Santo Tomé, el Nuevo Puente sobre el río Salado era una de ellas. Una promesa que nació allá por 2007 como una legítima compensación federal y que, tras casi dos décadas de maquetas, discursos y presupuestos nacionales que jamás se ejecutaron, parecía condenada al olvido.
Por Redacción IN-FORMADOS

La maquinaria ya está en la obra del nuevo puente Santa Fe – Santo Tomé. Comenzará a funcionar en las próximas semanas, una vez que sea ensamblada.
Mientras tanto, el viejo Puente Carretero —colapsado, restringido y al borde de la clausura— se transformó en el símbolo del deterioro de una infraestructura que ya no daba más.
Pero los tiempos cambiaron. Ante un panorama nacional donde la obra pública centralizada ha sido completamente borrada del mapa bajo la premisa del “no hay plata”, la provincia de Santa Fe decidió que la seguridad y conectividad de su gente no podían seguir esperando las autorizaciones de un escritorio en Buenos Aires. El gobierno provincial se arremangó, asumió el desafío con recursos propios y dijo: “manos a la obra”.
Un hito de ingeniería financiado con esfuerzo santafesino
El avance de los trabajos ya no es una promesa en un papel; es una realidad palpable que avanza a paso firme y ya superó el 40% de su ejecución global. La última gran novedad que marca el ritmo de la obra es el arribo de una imponente máquina lanzadora de vigas, una estructura de ingeniería de alta tecnología traída especialmente para este proyecto.
Debido a las dificultades geográficas del terreno y las variaciones del caudal del río Salado, la utilización de grúas convencionales desde el suelo o barcazas resultaba inviable o excesivamente lenta. Esta máquina “lanza vigas” opera de manera aérea: se apoya sobre las columnas ya construidas y funciona como un puente móvil que levanta las estructuras de hormigón —gigantes de 30 metros de largo y más de 40 toneladas de peso— y las va encastrando de manera secuencial sobre el río.
Ver operar este equipamiento en la región no solo es un espectáculo de la ingeniería moderna, sino la constatación visual de que la obra avanza sin pausa.
Autonomía frente al abandono central
El dato político y económico más relevante de este nuevo viaducto es su financiamiento: la obra se ejecuta de manera 100% exclusiva con fondos del tesoro de la provincia de Santa Fe. Es, formalmente, el puente más largo financiado y ejecutado de punta a punta por la administración provincial en su historia.
Este hecho es una lección de federalismo práctico. Mientras el relato central promueve el sálvese quien pueda y abandona las responsabilidades estructurales de conectividad nacional, Santa Fe demuestra que la matriz productiva y el bienestar social se defienden gestionando el propio territorio. Los impuestos de los santafesinos, esos que tantas veces viajan hacia el puerto de Buenos Aires y no vuelven, esta vez se quedan en el suelo provincial para transformarse en hormigón, hierro y futuro.
El nuevo puente Santa Fe – Santo Tomé ya no será recordado como el monumento a la promesa incumplida de la Nación. Será, para siempre, el monumento a la dignidad de una provincia que, cuando el poder central le dio la espalda, decidió confiar en sus propias fuerzas, arremangarse y construir su propio camino.
Servicio informativo IN-F
