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“EL BUCLE”. LA REALIDAD QUE NOS EXPLOTA EN LA CARA

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Los hay, quienes no quieren ver. Los hay, también, los que viéndolo no les importa y los hay, quienes al verlo les importa, pero trasladan la culpa a las propias víctimas, o se conforman con alimentar la esperanza de una dudosa, y cada vez más dudosa, utopía repitiendo una y otra vez cosas como “No trabaja el que no quiere”, “Hay que aguantar por nuestros hijos y nietos”, “¿Y qué quieren, volver al kirchnerismo?”… Alguien dijo: “Es más facil engañar que convencer a alguien de que ha sido engañado”.

Juan Carlos Mesa escribe el libreto del nuevo monólogo de “Tato” que ya está listo para salir a escena.

Reconociendo la inigualable autoría de Juan Carlos Mesa y la inolvidable interpretación de Tato Bores, si estuvieran hoy entre nosotros, seguramente nos regalarían un sketch que se parecería mucho a esto:

Monólogo: «El Dejavú Permanente»

(Entra Tato a toda velocidad en patines, vistiendo frac, un peluquín revuelto y lentes negros. Se frena en seco, mira fijo a la cámara, saca un habano y suena un teléfono antiguo sobre el escritorio)

«¡Mis queridos chichipíos, buenas noches!

Fíjense qué fenómeno maravilloso. Pasan los años, cambian los gobiernos, los ministros, las siglas, los nombres de las monedas, pero usted prende la televisión, escucha las noticias y siente que entró en un bucle espacio-temporal. ¡El Día de la Marmota pero en versión criolla!

(Suena el teléfono. Tato atiende rápido)

¿Hola? ¿Quién habla? Ah, ¿qué tal, doctor? No, no me diga… ¿Subió? ¿A cuánto? ¡No me diga más! ¿Y el riesgo país? ¿Sube para arriesgar más o para avisarnos que el país es un riesgo? Bueno, un abrazo al ministro y dígale que se ponga hielo en la nuca.

(Cuelga el teléfono y mira a la cámara)

¡Atentos, señores! Resulta que ahora tenemos el dólar oficial, el blue, el mep, el ccl, el tarjeta, el turista y el libre flotante. ¡Un arcoíris monetario! Usted va a la cueva a comprar un billete verde y no sabe si está haciendo una transacción financiera o una expedición botánica.

Nos dicen: “Señores, hay que hacer el último esfuerzo, ajustar las variables, secar la plaza de pesos y licuar todo para alcanzar la convergencia fiscal”. ¡Licuar nos están licuando a nosotros, que entramos al supermercado como millonarios y salimos como indigentes con dos paquetes de fideos y un rollo de cocina!

Se habla del ‘ancla inflacionaria’. Ponemos un ancla acá, otra ancla allá… ¡A este paso, más que una economía tenemos un transatlántico hundido en el fondo del río!

Nos cambian los nombres de las cosas: lo que antes era un ‘aumento’, ahora es una ‘recomposición de precios’. Lo que era una ‘devaluación’, ahora es una ‘corrección cambiaria’. Y la jubilación de la abuela no es que no alcance para nada: es que está atravesando un ‘proceso de consolidación del ahorro obligatorio’. ¡Hay que ser artesanos de la palabra!

Usted junta los pesitos que le quedan, los mira con nostalgia, sabe que mañana valen menos, pero igual se sonríe porque le prometen que en tres trimestres llegamos al primer mundo.

(Tato se acerca a la cámara, baja el tono de voz y se dirige directo al espectador)

«¡Y no me hablen de la morosidad en la era digital! ¡Ahora inventaron las billeteras virtuales! ¡Qué maravilla la tecnología! Te mandan una notificación al teléfono con un pient-pient simpático que te dice: “Estimado usuario, tiene un saldo pendiente”. ¡Qué amables! ¡Qué atentos!

¡Pero ay de vos si te atrasás un día en pagar la cuotita, hermano! Te aplican un interés tan usurero, pero tan usurero, que los prestamistas de la Edad Media al lado de estos muchachos parecen las Hermanitas de la Caridad.

Le debés diez pesos a la aplicación, estornudás, y al mes siguiente te embargan hasta el gato. Vos llamás al centro de atención para protestar y una vocecita computarizada te explica con una serenidad pasmosa: “Es la tasa de financiamiento dinámico, señor”. ¡Dinámica es la velocidad con la que te dejan en hilachas! O sea: si vos les dejás la guita a ellos, te dan un rendimiento tan miserable que a fin de mes no te alcanza ni para comprar la envoltura de un caramelo; ¡pero si les debés un mango a ellos, te encajan una tasa más alta que la cima del Aconcagua! ¡Son unos genios del amor!

Y acá viene la parte más conmovedora. Te empiezan a llamar por teléfono a cualquier hora los de la agencia de cobros… ¡Con tono de Caporal desalmado, te escupen lo que les debés, te nombran a los chicos, te nombran a los nietos, te nombran hasta al tatarabuelo que está enterrado hace un siglo! Vos corrés espantado a hacer el reclamo a las autoridades, a mostrar la extorsión en los diarios, y sale un funcionario con cara de ‘yo no fui’ y te dice: “Ah, no, no… El Estado no se puede meter. Eso es un acuerdo entre privados, vio. A usted nadie lo obligó a endeudarse”.

(Tato mira a la cámara, se acomoda el moño y baja la voz)

¡Claro, viejo! Nadie te obligó… Vos te endeudaste de puro vicio, ¡para darte el lujo asiático de comer dos platos de sopa en la misma semana! ¡Qué barbaridad!»

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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