El dilema del “pato rengo”: el complejo tablero de Kicillof ante la fragmentación del peronismo
El escenario político argentino transita un año de profundas reconfiguraciones donde las certezas del pasado reciente comienzan a crujir. En este contexto, las declaraciones matutinas de Alejandro Catterberg, director de la consultora Poliarquía, arrojaron luz sobre el verdadero desafío que enfrenta la principal provincia del país y, por decantación, el peronismo en su conjunto. El diagnóstico es crudo: para Axel Kicillof, postularse a la presidencia no es una opción de deseo, sino una obligación de supervivencia institucional.
Por Santiago Martínez | Dirección Editorial de IN-FORMADOS

Alejandro Catterberg, director de la consultora Poliarquía
El analista utilizó una figura clásica de la ciencia política anglosajona que encaja a la perfección en el territorio bonaerense: el “pato rengo”. Si el gobernador actual no explicita y consolida su condición de candidato natural del espacio para el próximo turno, su poder de fuego dentro de la estructura provincial corre el riesgo de disolverse. En la Provincia de Buenos Aires, la gobernabilidad no es un estado permanente, se edifica día a día; sin la expectativa de una proyección nacional que ordene a la tropa, los intendentes del conurbano y los distintos caciques territoriales tienden a acelerar dinámicas de autonomía que podrían dejar al Ejecutivo provincial en una peligrosa situación de debilidad.
El factor CFK y la fragmentación a cielo abierto
El verdadero laberinto para Kicillof no reside únicamente en gestionar la crisis económica o los recursos de una provincia asfixiada por el gobierno central. El desafío real y subterráneo es político: qué hacer con la figura de Cristina Fernández de Kirchner.
Asistimos a un peronismo inéditamente fragmentado, donde las tensiones entre el kirchnerismo duro y el armado propio que intenta edificar el gobernador ya no se ocultan bajo la alfombra. Mientras ciertos sectores presionan por mantener la centralidad histórica de la expresidenta, otros actores de peso —incluyendo intendentes de peso y la figura siempre expectante de Sergio Massa— operan como contrapesos en una balanza interna sumamente inestable.
Kicillof se encuentra ante una encrucijada histórica. Intentar despegarse del todo de la sombra de su mentora política implica el riesgo de una ruptura traumática con los sectores más leales al Instituto Patria. Sin embargo, someterse a ese liderazgo prematuro bloquearía su capacidad de construir una identidad renovada, indispensable para convocar a los sectores moderados e independientes de cara al futuro nacional.
Gobernar el conurbano en tiempos de escasez
La paradoja que enfrenta la gobernación bonaerense es que debe resolver esta encrucijada política en medio de un drástico ajuste macroeconómico. Mientras el gobierno nacional ensaya sus propias batallas discursivas en las redes, la realidad del mostrador, la caída de la actividad en la industria nacional y las demandas sociales recaen de forma directa en las intendencias y los ministerios provinciales.
Para Kicillof, evitar convertirse en un “pato rengo” requiere mantener la centralidad política. El peronismo, por cultura y tradición verticalista, necesita un norte claro para no atomizarse. Si el gobernador no logra encarnar ese norte y ordenar la fragmentación interna frente a las demandas de su propio espacio, la gobernabilidad de la provincia más poblada del país podría ingresar en un terreno de preocupante incertidumbre. La pelota sigue rodando y habrá que ver, si salen jugando, alguien la revienta hacia adelante o se limitan a sacarla para un costado.
Servicio informativo IN-F
