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El peronismo y el síndrome de Cronos: ¿Romper la olla para quedarse con la manija?

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En la mitología griega, Cronos devoraba a sus hijos para evitar que alguno de ellos lo desplazara del trono. Salvando las distancias históricas y los matices dramáticos, el peronismo actual parece atrapado en ese mismo mito fundacional. Mientras el modelo libertario avanza sobre los recursos naturales, licúa los ingresos de la clase media y consolida un esquema de transferencia de ingresos que el poder económico festeja sin disimulo, la principal fuerza de oposición parece más ocupada en dirimir quién se queda con la manija de una olla vacía que en ofrecer un plato alternativo a una sociedad hambreada de futuro.

Editorial IN-FORMADOS

Axel Kicillof y Cristina Kirchner durante la primera gestión del gobernador bonaerense.

La fractura expuesta entre el kirchnerismo duro y el esquema que lidera el gobernador Axel Kicillof ya no se puede tapar con retórica de unidad. De un lado, una conducción que, ante la falta de un candidato propio con volumen electoral indiscutido, ensaya un repliegue estratégico sobre la provincia de Buenos Aires mediante la lógica de los “neo-lemas”, priorizando el control de las listas y la centralidad interna por sobre la apertura democrática. Del otro, un gobernador que opta por el silencio de gestión, consciente de que responder a las provocaciones de Parque Lezama o de los barones del conurbano sólo acelera el proceso de demolición.

El fantasma de 2005 y la lección olvidada

Los viejos militantes del movimiento, aquellos que guardan en su memoria las cicatrices de mil batallas, suelen recurrir al espejo de la historia para advertir sobre los peligros del presente. El paralelismo con las elecciones legislativas de 2005 es inevitable y, a la vez, alarmante. En aquel entonces, Eduardo Duhalde —el jefe indiscutido del PJ bonaerense— creyó que su hegemonía territorial era eterna y pretendió imponerle condiciones a un Néstor Kirchner que recién carreteaba en el poder. La historia es conocida: la irrupción de Cristina Fernández de Kirchner duplicando en votos a “Chiche” Duhalde cerró un ciclo político y abrió otro.

La ironía de la historia es que, dos décadas después, los roles parecen haberse invertido. El riesgo latente de que la conducción actual termine encarnando el rol rígido que entonces ocupó el duhaldismo es una advertencia que resuena con fuerza en las bases. Romper la herramienta electoral o someter a un dirigente con la proyección y gestión de Kicillof a un desgaste inducido para preservar un coto de caza interno no es una estrategia de resistencia; es, llanamente, una miopía histórica.

Una salsa sin carne para una sociedad al límite

Mientras la interna peronista sube el fuego y amenaza con quemar el fondo de la olla, el establishment no pierde un solo minuto. Las tensiones en el oficialismo —los cruces de Milei con sectores industriales o mediáticos— son meros detalles de superficie. En el fondo, el poder concentrado tiene un rumbo claro y lo sostiene con el pragmatismo que lo caracteriza.

El peronismo corre el riesgo de ofrecerle a la sociedad una discusión endogámica, una “salsa con mucho condimento pero sin ravioles ni carne”. Si la única propuesta de la oposición para los próximos años es el canibalismo interno y la nostalgia, el resultado está cantado. Cuando el peronismo se rompe para dirimir egos en lugar de programas, los que terminan festejando en la mesa del poder son, invariablemente, “los mismos de siempre” disfrazados de “otros distintos”.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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