Entre el dogma y el mercado: El giro místico de Milei bajo la lupa de In-formados
En un escenario global donde la política parece haber agotado sus fórmulas tradicionales, el reciente discurso de Javier Milei en la Universidad Bar-Ilan de Israel —analizado exhaustivamente por Gustavo González en Diario Perfil— nos obliga a encender las alarmas de nuestro escepticismo metodológico. No se trata ya de una discusión técnica sobre déficit fiscal o emisión monetaria; estamos ante la presentación de lo que podríamos llamar un “manifiesto místico”.
Editorial In-formados

Dios, Diablo, Marx, Biblia, Adán y Eva, infierno, capitalismo y “dictadura de mayorías”. Todo convive como revoltijo en la cabeza de Milei | Foto: tomada de la web
Para quienes hacemos de la duda nuestra premisa fundamental, la reciente alocución titulada “Capitalismo: la divina maquinaria del Paraíso” presenta aristas que rozan lo metafísico. Milei no solo defiende el anarcocapitalismo como una herramienta eficiente, sino como un mandato de origen divino. Según el mandatario, el capitalismo no fue una construcción histórica humana, sino un descubrimiento del hombre al obedecer las leyes de Dios inscriptas en los Diez Mandamientos(*) (¿?).
La deconstrucción del mito
Desde la mirada de In-formados, es imperativo cuestionar esta narrativa con datos y lógica histórica:
- La anacronía del sistema: Si el capitalismo es una “maquinaria divina” revelada, resulta difícil explicar, desde la razón, por qué la humanidad transitó milenios bajo sistemas feudales, esclavistas o de mera subsistencia antes de “descubrirlo”. ¿Es posible que la interpretación de textos sagrados de hace 2.500 años contenga la clave de un sistema económico que tomó forma definitiva hace apenas tres siglos?
- El “No robarás” como dogma económico: El Presidente utiliza el séptimo mandamiento para blindar los monopolios y deslegitimar cualquier forma de regulación estatal, calificándola de “robo”. Sin embargo, el escepticismo nos obliga a preguntar: ¿en qué punto la ausencia de regulación deja de proteger la propiedad privada para empezar a vulnerar la libertad de los demás ciudadanos?
- Mesianismo vs. Gestión: Al vincular sus políticas con el “plan de Dios”, el discurso se vuelve refractario a la crítica. Si una medida es “divina”, cualquier objeción técnica es vista como una interferencia del “Maligno”. Esta es la barrera más peligrosa para el debate democrático y la verificación de hechos que tanto defendemos en nuestra comunidad.
¿Alguien que nos pretende llevar hacia una teocracia liberal?
Una nota de Gustavo Gonzalez, que casi había pasado desapercibida, advierte sobre una “radicalización mesiánica”. Para el lector de In-formados, este fenómeno no debe leerse como una simple excentricidad de carácter. Cuando la política se traslada del terreno de lo racional al de lo sagrado, el escrutinio público pierde su fuerza, porque la fe no rinde cuentas ante las planillas de Excel ni ante la realidad social.
Como periodistas, nuestro trabajo es dudar. Especialmente cuando se nos dice que la “abundancia del Paraíso” se alcanza mediante una obediencia mística a leyes de mercado que, ahora resulta, fueron dictadas en el Sinaí.
Mantener la guardia alta frente a los relatos totalizadores —vengan de donde vengan— es, hoy más que nunca, nuestra principal misión.
Nota del editor de In-formados: En estos tiempos de “mesianismo político” (que no es, siquiera, original de Javier Milei, ya otros antes que él lo han puesto en práctica y lo siguen haciendo. Se ve que les da buen resultado en sus cuentas de redes sociales), se hace necesario recordar que las iglesias cristianas protegían el “statu quo” enseñando con su dogma que “los últimos serían los primeros”, que “había que servir en la tierra para reinar en los cielos”, que “había que sufrir aquí para gozar allá”. Todo por conservar el “orden instaurado”. No sea cosa que los pueblos antiguos se organizaran en contra de los reyes con los que los Papas negociaban constantemente.
(*) Yo no recuerdo, ni creo que alguien recuerde (ojo, son diez y se me pudo haber pasado) que alguno de “Los mandamientos de la ley de Dios” contenidos en la Biblia, hable sobre el “liberalismo” o siquiera, de “economía”, salvo quien sabe, por ahí, quizás el que habla de “No robarás”. No sé, quizá ustedes deban hacer sus propias evaluaciones, pero para mí, el discurso de nuestro presidente presenta algunos “baches”. Se ve que tampoco debe haber plata para reparar los discursos.
