Lágrimas en inglés y bolsillos en rojo: El relato del “éxodo inverso” que choca con la realidad juvenil
En un reciente foro internacional, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, protagonizó un momento que rápidamente se viralizó: visiblemente emocionado y discursando en un fluido inglés ante un auditorio norteamericano, aseguró que desde el inicio de la actual gestión los jóvenes argentinos están “volviendo al país”. Las lágrimas del funcionario pretendían inyectar épica a un relato de renacimiento económico. Sin embargo, cuando esas lágrimas artificiales cruzan el Atlántico y chocan contra la realidad estadística de las calles argentinas, el acting se desmorona por completo.
Por la Redacción de IN-FORMADOS
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger rompió en llanto frente a un auditorio extranjero | Short de YouTube subido por “El Cronista”
¿De qué jóvenes habla el ministro? ¿Quiénes son los que vuelven y, fundamentalmente, quiénes son los que se quedaron pedaleando en el barro de la crisis?
La ilusión del regreso sectario
La apreciación sobre el discurso oficial es inevitablemente selectiva y expone una mirada de burbuja. Los jóvenes que hoy tienen la posibilidad de “volver” a la Argentina —o que alguna vez tuvieron los medios para emigrar, instalarse en el exterior y ahora regresar bajo el ala de este nuevo clima de negocios— pertenecen a un sector hiperespecífico y ultra minoritario de la sociedad.
Hablamos de profesionales de elite, tecnólogos, analistas financieros o herederos de grandes patrimonios que encuentran en la actual estructura de desregulación y flexibilización un escenario ideal para maximizar sus ganancias en dólares dentro de una economía local fuertemente abaratada en moneda dura. Es el regreso de los acomodados, un fenómeno sectario que se celebra en los despachos oficiales como un triunfo cultural, pero que en la práctica opera dentro de un ecosistema de privilegios blindados.
El grueso de la juventud argentina, aquella que no habla en foros internacionales ni cotiza en Wall Street, habita un planeta completamente diferente. Para ellos, la opción de “irse” jamás fue una realidad; y la de “progresar” adentro, hoy parece una utopía lejana.
La cruda realidad del 75%: El sálvese quien pueda de la informalidad
Mientras el funcionario se emociona ante los inversores extranjeros, las planillas de datos sociolaborales del propio país muestran una radiografía catastrófica. Actualmente, cerca del 75% de los jóvenes trabajadores en Argentina se debate entre el cuentapropismo precario y el asalariado informal.
Son los repartidores de aplicaciones, los que atienden comercios en negro, los que realizan changas o intentan vender servicios de manera independiente sin ningún tipo de red de contención social, aguinaldo, vacaciones o cobertura médica. El dato más escalofriante de esta realidad es el nivel de ingresos: en ese universo de la informalidad juvenil, el promedio de ingresos apenas araña los $6 mil mensuales. En una economía indexada y con precios internacionales en alimentos y servicios, esa cifra no es un salario; es una condena a la pobreza y a la dependencia.
¿Cómo se le explica a ese 75% de la juventud, que pelea el día a día para ver si llega a fin de mes, que el país vive un “milagro de repatriación”? Mientras el relato oficial exporta una narrativa de optimismo y libertad de mercado en clave anglosajona, la realidad vernácula muestra que la única libertad que experimentan millones de jóvenes es la de elegir en qué rubro precarizarse.
El peligro de gobernar para la foto del extranjero
El acting de Sturzenegger es peligroso porque confunde deliberadamente la realidad con el deseo de su propia clase política. Validar un modelo económico basándose en el regreso de un puñado de argentinos con cuentas en el exterior, mientras se ignora el hundimiento sistemático de la capacidad de consumo y empleo de las mayorías locales, es una muestra de cinismo o de una alarmante desconexión con el territorio.
Gobernar para el aplauso de los mercados financieros internacionales y conmoverse en inglés por los resultados de una macroeconomía de laboratorio es fácil. Lo difícil, y lo que verdaderamente definiría el éxito de una gestión, es lograr que ese 75% de jóvenes atrapados en la informalidad de los 6 mil pesos mensuales deje de ser el combustible invisible de un sistema que, a todas luces, sigue concentrando la riqueza en la cima de la pirámide. El resto son, simplemente, lágrimas de cocodrilo.
Servicio informativo IN-F
