“2,6%”, la inflación de abril 2026. Generó falsa euforia, maquillaje e insultos por parte de Milei
El debate público en la Argentina actual parece discurrir por dos carriles paralelos que nunca se cruzan. Por un lado, el microclima oficialista celebra en canales de streaming y redes sociales el cumplimiento de metas fiscales y una inflación de abril que, amparada en la estacionalidad, se muestra más baja que el mes anterior. Por el otro, la realidad de la calle devuelve una postal indócil: un acumulado en lo que va del año que ya devoró las proyecciones anuales, una inflación interanual que asfixia y el peso de un superávit que no brota de la magia, sino del bolsillo de los jubilados, los trabajadores y los sectores medios.
Por redacción IN-FORMADOS

Javier Milei, a los insultos en Carajo.
Detrás del empecinamiento con el “déficit cero” hay rostros humanos, historias de privación y una recesión que se profundiza. Sin embargo, la respuesta del Poder Ejecutivo ante la visibilización de este impacto social no es el debate técnico ni la empatía, sino la descalificación sistemática.
El mensajero como blanco
Existe un patrón de conducta que se repite cada vez que los datos de la realidad contrastan con el relato gubernamental. Cuando comunicadores y analistas ponen el foco en “quiénes pagan” el costo del ajuste, la réplica oficial no busca contraargumentar con datos racionales, sino desacreditar al emisor.
El argumento defensivo del presidente Javier Milei suele ser que sus agresiones son meras respuestas en igualdad de condiciones: “Yo insulto porque a mí me insultan”. Pero un análisis franco de los hechos derriba esa simetría. Casos recientes de ataques verbales a periodistas como Débora Plager o Marcela Pagano demuestran que no hay tal reciprocidad. Ninguna de ellas ha recurrido al insulto personal en sus pantallas o páginas; simplemente han ejercido el rol de revelar y hacer visible el sufrimiento que producen las decisiones macroeconómicas.
La información parcial como estrategia
Mostrar una parte de la verdad es, muchas veces, una forma sutil de maquillarla. Celebrar la baja mensual de la inflación omitiendo que el piso histórico sigue siendo intolerablemente más alto que el de cualquier país vecino —y que el consumo interno se encuentra en niveles críticos— es una estrategia de distracción constructiva.
La agresión a la prensa no es un exabrupto aislado; es un mecanismo de defensa. Resulta más cómodo estigmatizar al periodismo que asumir el costo social de la gestión. Al insultar a quienes muestran las grietas del modelo, el oficialismo intenta desviar la atención de la discusión de fondo: la economía puede mostrar superávit en las planillas, pero si la sociedad se empobrece, el éxito es solo un espejismo estadístico.
Frente a la información parcial y el relato edulcorado de los aplaudidores de turno, la racionalidad y el contraste de datos siguen siendo la única herramienta soberana para entender dónde estamos parados y, sobre todo, a costa de quiénes se está pagando el viaje.
En paralelo, el gobierno de Estados Unidos convocó a Santiago Caputo para supervisar la marcha de la gestión de Javier Milei frente a una creciente preocupación por las chances del presidente de lograr la reelección en 2027, en medio del impacto devastador (1) del escándalo Adorni.
El, aparentemente, hombre más cercano, del gobierno argentino, a la administración Trump debió viajar de urgencia y suspender su participación en la reunión de mesa política del martes pasado, lo que había generado algunas especulaciones.
Según trascendió, convocaron a Caputo porque, desde el gobierno, querrían conocer de primera mano la situación política, económica y financiera de la Argentina. Sobre todo están muy interesados en conocer las expectativas de cara a 2027 y el potencial de reelección de Milei.
Nota del Editor de IN-FORMADOS:
Este humilde servidor, que se atreve a pensar por si mismo, se pregunta: ¿Por qué, siendo el gobierno libertario tan transparente, y aprovechando alguna, de las tan frecuentes visitas del mandatario argentino al país del norte, no es a él a quien consultan directamente? ¿Acaso dudan de sus respuestas? ¿O quizá temen a que despierte su ira, si se percata de que sospechan de sus dichos?
El viaje de Santiago Caputo a Estados Unidos, probablemente para esclarecer dudas que a nosotros mismos nos genera el presidente, no da lugar a especulaciones y no lo haremos. Lo que sí haremos es preguntar porque, si por ser “simples periodistas”, ahora, con insultos, agresiones, descalificaciones, injurias y falsas denuncias, nos quitarán también nuestra principal herramienta de trabajo, que es preguntar, entonces, señores, habrá que quitar de los diccionarios de todos los idiomas, la palabra “periodismo”.
