Una deuda histórica que late en el presente
El escenario del homenaje reaviva de forma inevitable un paralelismo histórico sobre la relación entre el poder central y el interior. En 1813, tras sus triunfos militares, Manuel Belgrano donó los 40.000 pesos fuertes de sus premios para la construcción de cuatro escuelas en el norte del país. Sin embargo, aquellos fondos fueron absorbidos por el gobierno de Buenos Aires para costear las urgencias de las guerras civiles, dejando la promesa en el olvido. Cuando las escuelas finalmente se levantaron —algunas debieron esperar casi dos siglos, como la de Jujuy en 2004—, no fue por la custodia de aquel dinero por parte de la Nación, sino por el reclamo persistente y el esfuerzo financiero de las propias provincias y sus comunidades.
Esta vieja paradoja, donde el centralismo dispone de los recursos y el interior termina poniendo el cuerpo y el presupuesto para honrar la institucionalidad, flotó de manera implícita en el aire de Rosario. A siglos de distancia, la dinámica parece mantener su vigencia: detrás de la liturgia de los palcos oficiales, sigue siendo el federalismo el que sostiene y custodia el verdadero legado del prócer.
… Y estos funcionarios de hoy, que dicen estar dando la “batalla cultural”, deberían recordar, si es que realmente pretenden honrar con más que palabras vacías, la memoria de Manuel Belgrano, que este viejo General, llegó siendo rico y se fue sin ceremonias ni despidos pomposos y sobre todo, sin un peso. Sólo ésto, si es que les queda algo de consciencia, debería bastar para que se caigan de cabeza, desde el palco y hasta el suelo.
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