Dólar “planchado”: El plan del Gobierno para frenar la inflación a costa de la industria
Por la Redacción de In-formados
En los últimos días, el presidente Javier Milei celebró en sus redes sociales una caída en el precio del dólar. Sin embargo, lo que para el Gobierno es una victoria en la batalla contra la inflación, para el sector productivo es una señal de alarma. ¿Qué hay detrás de esta estrategia y por qué los empresarios están preocupados?

Javier Milei
El dólar como “freno de mano”
Para entender lo que está pasando, hay que imaginar que el Gobierno está usando al dólar como un ancla o un “freno de mano”. Al mantener el precio del dólar estable (o incluso bajándolo), el equipo económico busca evitar que los precios de los productos que compramos sigan subiendo. Si el dólar no sube, los costos de muchas cosas se mantienen quietos, lo que ayuda a “disciplinar” a quienes ponen los precios.
Sin embargo, esta calma no es del todo natural. En el mercado financiero se comenta que el Gobierno está interviniendo de forma indirecta, vendiendo bonos (no imprimen billetes, pero estas tácticas son otra forma de emisión) para ponerle un “techo” al dólar de aproximadamente $1.450.
¿Por qué hay tantos dólares ahora?
Hay tres razones principales por las que, por el momento, sobran dólares:
- El campo: Se espera que la cosecha aporte unos 31.000 millones de dólares pronto.
- Energía: El precio internacional del petróleo subió, y Argentina está exportando más, lo que trae aire a las reservas.
- Menos compras al exterior: Como la economía está en recesión, las fábricas locales están produciendo menos y, por lo tanto, compran menos insumos afuera. Hay menos demanda de dólares porque la industria está “parada”.
El riesgo del “atraso cambiario”
Aquí es donde aparece el conflicto con los empresarios. Cuando el dólar se queda “planchado” pero los costos internos (luz, gas, sueldos, impuestos) siguen subiendo (porque no están atados al dólar planchado artificialmente), se produce lo que los economistas llaman atraso cambiario.
Esto genera un problema grave: producir en Argentina se vuelve muy caro en comparación con el resto del mundo. Si esto sigue así, sale más barato importar un producto terminado que fabricarlo acá (ya está pasando). Esto es lo que los industriales temen, aunque el gobierno insista en culpar a los empresario de cobrar sobreprecios: que el modelo actual termine reemplazando el trabajo argentino por productos importados.
El “techo” de la inflación
A pesar de tener el dólar quieto, la inflación no baja tan rápido como se quisiera. ¿Por qué? Porque hay precios que no dependen del dólar, como las tarifas de servicios públicos que todavía se están ajustando. Los especialistas advierten que la inflación tiene un “piso” difícil de perforar, que podría rondar el 2% mensual, independientemente de lo que pase con el billete verde.
La postura del Gobierno: El costo ya está asumido
La respuesta de la Casa Rosada es firme. Tanto Milei como el ministro Luis Caputo han dejado claro que no van a devaluar (subir el dólar) para ayudar a la industria. Para el plan oficial, la prioridad absoluta es derrotar a la inflación. Si eso implica que la industria sufra o que el consumo caiga, es un “costo asumido”.
En definitiva, el Gobierno ha decidido que la estabilidad de los precios vale el sacrificio de la actividad fabril. La pregunta que queda en el aire es cuánto tiempo podrá aguantar el entramado productivo local con un dólar que rinde cada vez menos.
Guía rápida de términos para el lector:
- Nominalidad: Es la velocidad a la que suben todos los precios y salarios de la economía.
- Bienes transables: Productos que se pueden exportar o importar (como autos, granos o electrodomésticos). Su precio depende mucho del dólar.
- Bienes no transables: Servicios que solo se consumen localmente (como un corte de pelo, el alquiler o el boleto de colectivo). No dependen tanto del dólar, sino de la economía interna.
- Pass-through: Es el efecto de “traslado”. Cuando el dólar sube y, automáticamente, los comerciantes suben los precios de sus productos.
