El Gran Remate del (In)terior: ¿Desarrollo Forestal o Expropiación Financiera?
EDITORIAL:
Por Santiago Martínez
La historia de la Argentina reciente podría escribirse sobre la corteza de un pino. No es una metáfora. Lo que comenzó en 1998 con la Ley 25.080 como un sueño de desarrollo forestal para provincias como Corrientes, hoy se ha transformado en la pieza de un rompecabezas mucho más oscuro, donde la “necesidad de dólares” es el ariete para derribar las últimas puertas de nuestra soberanía económica.

imagen tomada de la web
La Trampa del Pionero
Durante más de dos décadas, miles de inversores originales —aquellos empresarios con arraigo que plantaron, podaron y esperaron 20 años el turno de tala— sostuvieron la ilusión de una industria nacional incentivada desde el gobierno. Hoy, esos mismos pioneros enfrentan una asfixia diseñada por otro gobierno que representa al mismo Estado, pero con diferentes metas: sin crédito, con costos logísticos devoradores y una moneda que se regenera en deuda perpetua.
En este escenario, el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) no llega como un auxilio, sino como el acta de defunción para el capital local. Mientras el productor correntino o el industrial santafesino, o de cualquier parte del país, pagan cada punto de Ganancias y sufren el cepo, los nuevos “dueños” —megacorporaciones transnacionales— aterrizan con beneficios a medida: 30 años de estabilidad fiscal, alícuotas reducidas y la libre disponibilidad de divisas. Es el nacimiento de una Argentina de dos velocidades: una para los de afuera, protegidos y VIP; otra para los de adentro, que pagan la fiesta y mendigan rentabilidad.
La “Puerta Giratoria” y el Factor J.P. Morgan
No es casualidad que los mismos nombres que hoy redactan estas leyes sean los que ayer ocupaban —y mañana ocuparán— sillas en los directorios de los bancos que financian este desembarco. Estamos ante la institucionalización de la “puerta giratoria”: una tecnocracia de CEOs que utiliza el Estado para identificar recursos (pino, litio, energía, …), generar las crisis que los vuelven baratos y luego legislar los privilegios para comprarlos.
Detrás de cada gran inversión amparada por el RIGI, asoma la sombra de los gigantes de Wall Street. El J.P. Morgan, el mismo que califica nuestro “Riesgo País” y determina cuán cara nos sale la deuda, es el custodio de los fondos que hoy vienen a quedarse con el patrimonio nacional a precio de remate. El círculo es perfecto: nos prestan el dinero, nos cobran intereses por el riesgo que ellos mismos miden y, finalmente, se quedan con la tierra como pago de una cuenta que nunca cierra. ¿Podemos creer que es casualidad que todo el equipo económico nacional ha sido empleado del J. P. Morgan y que un tal Javier Milei (no nunca trabajó para dicha banca, pero le hubiera gustado, no hace más que alagar y calificar como “maravilloso” al ministro de Economía?
El Turbio Horizonte
Si las especulaciones a corto plazo se confirman, Argentina se encamina a un modelo de “enclaves económicos”. Islas de hiper-rentabilidad extranjera rodeadas de un interior empobrecido, donde el trabajador local será solo mano de obra barata y el empresario regional un subcontratista de segunda categoría. El federalismo, en este esquema, es solo un estorbo para la eficiencia del Excel.
Interrogantes que habría que dilucidar mejor temprano que tarde
Frente a este cuadro de situación, la verdad nos obliga a preguntar:
- ¿Qué rol juega y jugará la Justicia? ¿Serán los tribunales el último refugio del derecho de propiedad del pequeño inversor, o actuarán como los escribanos que den fe legal al despojo, priorizando los tratados internacionales por sobre la Constitución Nacional?
- ¿Qué rol juegan y jugarán los Medios de Información? ¿Seguiremos siendo simples repetidores de gacetillas de prensa que celebran “lluvias de inversiones”, o tendremos la honestidad de desnudar quiénes son los verdaderos dueños de esas empresas y qué intereses representan los funcionarios que las promueven?
- ¿Qué rol jugarán los Gobernadores y autoridades locales? ¿Seguirán sumisos, resignando derechos y concediendo votos legislativos que permitan al gobierno nacional seguir avasallando el federalismo? ¿Se conformarán con mendigar ayuda y “besar las sandalias” del Poder Ejecutivo nacional a cambio de unas monedas disciplinadoras, mientras entregan la riqueza de sus suelos para los próximos 30 años?
No existe dilema. Al hombre honesto le es difícil conocer la verdad, pero cuando sabe cual es la verdad, le resulta imposible callarla, aunque ello le cueste la vida.
