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$LIBRAnos del mal: hacia una teología de la corrupción

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Por NATALIA VOLOSIN
en su sitio web La Justa

(Tomado del sitio web “La Justa”)

Los Milei, la moral como política de Estado y la corrupción como token de la política. Además, una lista de infinitas gracias.

El hombre es el único animal que estafa.
Edgar Allan Poe

La moral & coso

Quienes han estudiado a Javier Milei en tanto personaje1 dicen que este hombre de 55 años cree que gobierna la Argentina porque así lo decidió Dios, quien a su vez se lo hizo saber a través de su hermana Karina, una suerte de intérprete, vocera, médium o de algún modo intermediaria entre el señor de los cielos y el Presidente de la República Argentina.

De allí, entre otros múltiples condimentos, especias y calditos de sopa, pareciera provenir el misticismo mesiánico que tiñe el relato simbólico de Milei en cada uno de sus viajes, en sus alocuciones e incluso en su estética personal. El hombre gris de Benjamín Solari Parravicini, etcétera. Pero de ahí viene, también, su insistencia en la moralización de la política cada vez que se pega un viaje cósmico por lecturas pseudo-filosóficas en plan Paulo Coelho, como hizo en su reciente discurso en Davos cuando anunció, muy suelto de cuerpo, la muerte de Maquiavelo2.

Milei se autopercibe casi un cruzado que ha venido a imponer la moral como política de Estado, pero su gobierno transformó al Poder Ejecutivo en una fuente inagotable de inmoralidades y negocios vidriosos, muchos de los cuales ya se investigan (bueno, no se investigan, pero ese es un detalle) como presuntos delitos de corrupción. Adorni, Espert, ANDIS, $LIBRA. You name it. Hay de todos los colores.

Jesús les enseñó a sus discípulos: “no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal” (Mateo 6:13). La idea, tan importante que terminó formando parte del “Padre Nuestro”, es que los creyentes deben requerir el auxilio y la fuerza de Dios para evitar las pruebas y tentaciones de Satanás, como hizo su propio hijo ante las múltiples situaciones que el Maligno -como le gusta decir a Milei- le hizo enfrentar en el desierto.

Yo no sé, honestamente, si Milei sólo es un completo hipócrita que extrae rentas privadas de la función pública mientras grita contra la casta y la corrupción o si, como dicen algunos, es un pobre títere sostenido y manipulado por una siniestra y ambiciosa hermana amiga de lo ajeno. Todo esto me resulta, en cualquier caso, absolutamente irrelevante.

¿Por qué? Porque el punto central aquí no es $LIBRA, Milei, ni Karina, como tampoco lo eran hace unos años Vialidad, Cristina o Néstor Kirchner. Este desierto al que llamamos Argentina está plagado de tentaciones, mis amigos. Plagado. Pocas veces se ha visto un territorio tan fructífero para la corrupción. Las oportunidades son infinitas. Los controles son inexistentes.

De allí que abunden los escándalos y que, como he sostenido una y otra vez desde hace muchos años, nada tengan que ver con el modelo económico, con la ideología política ni -ain sorry for Fer Iglesias- con el peronismo o el antiperonismo. El problema es estructural. La maldita máquina de la corrupción. Por eso mi interés en $LIBRA es el cobarde fiscal Eduardo Taiano. Porque los gobiernos pasan, los políticos pasan, pero el sistema queda. El sistema de Justicia. El rule of law. El Estado de derecho. El anclaje institucional básico para el desarrollo humano de este pueblo.

La berretización de la corrupción

Si Milei es un corrupto o un tipo decente manipulado por su hermana Karina (o por Santiago Caputo, los Menem o quien pistola les guste imaginar) no importa nada porque lo que la Argentina necesita para atacar la corrupción no son gobernantes moralistas, sino reformas estructurales. Las que todos prometen. Las que nadie hace.

Fernando De la Rúa llegó al poder post-menemista diciendo que iba a meter preso a cada político corrupto y se terminó yendo con las coimas del Senado. Mauricio Macri pudo haber aprovechado el momentum post-kirchnerista para limpiar Comodoro Py y terminó usufructuándolo para perseguir opositores (incluso con la verdad) y ocultar los innumerables hechos de presunta corrupción de su propio gobierno. Alberto Fernández dijo que iba a limpiar “los sótanos de la democracia”, no dejó una sola reforma sostenible en materia judicial o de inteligencia y está procesado por corrupción con los seguros del Estado. ¿Sigo?

Como expliqué muchas veces, las reformas no se hacen porque nadie se corta sus propias manos. No es que no sepan qué hay que hacer. El problema de la corrupción es estructural -no cultural- y está enraizado en el diseño institucional argentino. Todos comen de ese plato. Los políticos y los privados. Las tipologías varían a lo largo de la historia, desde modelos más cleptocráticos a esquemas más puros de captura de Estado. Pero el centro del asunto no se toca: un colador repleto de oportunidades para el afano y desnudado de incentivos y capacidades de control. La corrupción en la Argentina es el token de la política.

El país se ha manejado casi a lo largo de toda su historia con un modelo clásico de captura de Estado, en el que un grupo de privados domina el acceso a los “negocios” públicos. El gobierno de Milei no es la excepción. Aunque ande a los gritos contra los “empresarios prebendarios”, maneja los accesos con los mismos jugadores de siempre.

Yo diría, en todo caso, que la diferencia entre la tipología de siempre y la captura de Estado à la Milei es la vulgaridad de las formas: es todo tan berreta que duele. De allí que lo de Taiano resulte tan obsceno. No importa qué tan techie suene el caso. Podrán ponerle todas las cripto-ornamentas que les parezca. Coins, blockchain, sarasa sarasán.

La degradación de las maniobras de corrupción en la Argentina es, honestamente, deprimente. ¿Adónde quedaron los pagos offshore? ¿Qué ha sido del silencio cómplice y leal de los oscuros valijeros? ¿Cuándo fue que los jueces y fiscales del poder dejaron de ser, cuando menos, astutos y encumbrados inventores de dispositivos jurídicos apropiados para ponerle pluma a la impunidad?

Ahora los corruptos facturan, Shakira. Hacen contratos y se los mandan por WhatsApp. Se sacan fotos tomando frappuccinos en el Patio de las Palmeras de Casa Rosada mientras transfieren USDT a las wallets de sus criptobros. Mandan a la mamá y a la hermana a vaciar cajas de seguridad delante de las cámaras de videovigilancia. Dejan todos los deditos marcados. Y después viene el fiscal cobarde de siempre pero, en vez de inventar alguna argucia, guarda el principal peritaje en un cajón como quien oculta el arma homicida. Me da hasta un poquito de vergüenza ajena.

Gracias

No sé si es el lugar para esto, pero lo necesito. Lo señalé en mis redes y en todos los programas que pude. Se lo dije a cada uno. Pero necesito ponerlos a todos juntitos en un mismo lugar y que queden ahí para siempre. Que queden acá para siempre.

No creo que este país tenga destino. No creo en el Poder Judicial. No creo en casi nada. Soy atea. No tengo pertenencia partidaria. Mis únicas banderas son la Constitución Nacional Argentina y la camiseta de Boca. Pero esta semana… esta semana me devolvió la fe en la humanidaT, chicos.

Porque la inmensidad de los apoyos que recibí por los aprietes de Taiano y de otros oscuros personajes dan cuenta (o al menos dieron cuenta para mí) de que, contra todo pronóstico, a pesar de nuestras enormes, múltiples y profundas diferencias en infinidad de órdenes, estamos todos de acuerdo en que hay algunas cosas que no se pueden tocar.

El secreto de las fuentes periodísticas protegido por el art. 43 de la CN y la libertad de expresión son condiciones sine qua non para la democracia y la República, en especial cuando se trata de investigar al poder. No hay democracia sin libertad de expresión. No hay República sin control del poder.

De modo que: GRACIAS. Eternas, totales y absolutas gracias. Espero no olvidarme de nadie.

Primero un agradecimiento especial a Úrsula Vargues y a mis compas de AM650 Somos Argentina (Julián Fava, Vero Pérez Guidek, Christian Infanzón, Martín “Zorrito” de la Vega, Emma Zbinden y autoridades).

También a:

Hugo Alconada Mon

Gabriel Levinas

Pedro Biscay

Sebastián Lacunza

Ariel Zak

Juan Alonso

Mariano Vidal

Gustavo Sylvestre

Joaquín Morales Solá

Silvia Naishtat

Jorge Fontevecchia

Silvina Márquez

Daniel Santa Cruz

Paulino Rodrigues

Irina Hauser

Alejandro Bercovich

Marina Abiuso

Marcela Feudale

Liliana López Foresi

Marcelo Falak

Diego Iglesias

Federico Simonetti

Diego Schurman

Andrés Gil Domínguez

Bruno Bimbi

Jeremy Robbins

Robert Rotberg

Javier Smaldone

Andrés Snitcofsky

Maximiliano Flirtman

Mariana Lestelle

Maximiliano Ferraro

Esteban Paulón

Pablo Avelluto

Sabrina Selva

Juan Grabois

Agustín Rombolá

Marcela Pagano

Carlos Maslatón

Marcela Durrieu

Diana Maffia

María José Lubertino

Claudia Acuña

Lionella Cattalini

Ana Correa

Diego Armesto

Leandro Illia

Colegio Público de Abogados de la Capital Federal (CPACF)

SiPreBA

FOPEA

Periodistas Argentinas

Academia Nacional de Periodistas

Amnistía Internacional Argentina

CELS

CIPCE

Coordinadora de Abogadxs de Interés Público

ANDHES

Democracia en Red

Colectiva Feminista Federal

Quienes se solidarizaron en privado.

Especialmente a:

Las querellas y sus abogados.

Los/as integrantes de la Comisión Investigadora sobre la Criptomoneda $LIBRA de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

La gente increíble que bancó y banca fuerte en redes y medios.

Mis amigas, mis amigos, mi familia.

A mis fuentes, el cielo de los justos.

1 Por caso, el periodista Juan Luis González en su libro “El loco: la vida desconocida de Javier Milei y su irrupción en la política argentina” (Planeta 2023).
2 Hablamos de este asuntillo de la moral como política de Estado y las enormes confusiones del presidente en torno al tema en el Newsletter del 26 de enero pasado, titulado “Maquiavelo y la irrelevancia moral de Milei”.

Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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