Memoria, Verdad y Justicia
Decir 50 años o decir medio siglo, sería lo mismo y sin embargo, si hablamos de “memoria colectiva”, no parecería ser tan así. Tengo 60 años y para algunos, podrá ser un montón, mientras para mí no lo es tanto…
Tenía 10 años, cuando dio comienzo lo que luego fue la época más oscura de nuestra historia argentina y otra vez, podríamos encontrarnos con un dilema temporal, porque matemáticamente, sólo fueron ocho años, pero el peso de esos ocho años fueron, para mí, como los 60 que cuento hoy, o habrán sido 100, para quienes siendo un poco mayores que yo (15, 20, o 25 años), fueron víctimas de detenciones ilegales, de torturas, vejaciones, tormentos e incluso la muerte.
¿Cuántos años les significarán, esos “ocho”, a los familiares de víctimas desaparecidas que aparecieron muertas, o que aun no aparecen (hijos, hermanos, nietos). La memoria, para algunos, es lo único que les queda. Es una herida desgarradora, pero es lo que queda de aquel ser querido, aquel ser amado.
Hay quienes afirman que aquello fue una guerra y que el Estado (gobierno de facto) hizo lo que había que hacer, dadas las condiciones. Claro, con esa lógica, se rigieron por el dicho popular que dice “En la guerra y en el amor, todo se vale”, pero en las guerras, hasta las más sanguinarias, entre soldados (que se dignen de tales), existe un mínimo de sentido del honor, o incluso, suponiendo que hubiera habido abusos o “excesos”, como pretenden que hubo según cierto sector, podrían ser la excepción y no la norma.
Luego del horror, lo más grave fue el intento burdo de intentar normalizar sus crímenes, pretendiendo ocultar los hechos, escribiendo un relato, hacerlo pasar por “la historia” y fabricar su propia impunidad. El colmo, fue la apropiación ilegal de los hijos de sus víctimas.
Apropiarse de los hijos del enemigo, eran cosas que algunas monarquías acostumbraban hacer en el Medioevo. Se apropiaban del hijo del enemigo y lo educaban como suyo y para cuando terminaban de fo0rmarlo (o formatearlo), el hijo del enemigo terminaba siendo un ferviente defensor de esta monarquía apropiadora y hasta, ¿por qué no? terminaba dando la vida por ese régimen. Pero tampoco era la regla, siempre se trataba de la excepción.
Aquellos reyes, intentaban terminar con alguna dinastía, o al menos debilitarla para que nunca más representara un problema significativo que pusiera en riesgo al reino. La última dictadura militar sistematizó la persecución, detención y muerte, disfrazada de desaparición (la que, según Videla: “Frente al desaparecido, tanto tiene un tinte de especulación lo que pueda decirse de su paradero, como la verdad que pueda decirse sobre su fallecimiento. […] Es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está, ni muerto ni vivo, está desaparecido.”), buscando con ello, la impunidad.
El mundo siguió marchando indiferente y en Argentina, el tiempo se detuvo, pero la gran mayoría de habitantes no se daba cuenta, la censura era total, hacia los medios periodísticos, hacia la cultura en general (música, cine, teatro), hacia la educación. Muchos, que sabían lo que ocurría, lograron escapar. Los otros que sabían lo que pasaba, estaban detenidos o viajaban de una oficina gubernamental a otra, intentando sabe a dónde habían llevado a sus hijos o hermanos y si estaban bien… Si estaban vivos… Si estaban, como fuera que estuvieran.
Aquellos que habían logrado escapar, intentaban que el mundo se enterara de lo que pasaba en Argentina, pero no recibían demasiada atención. Había que llevarles algo más, para que las organizaciones internacionales se interesaran, no bastaba con testimonios aislados. Se prepararon documentos y había un número que rondaba, acerca de la cantidad de desaparecidos, que no era oficial, ni había confirmación siquiera de que estuviera cerca, pero algunos creían que era necesario acompañar los informes documentados con una cifra que dimensionara la gravedad de lo que aquí ocurría.
Asi fue como se llegó al consenso de que, para captar el interés de las organizaciones internacionales y la prensa mundial, los informes llevarían la cifra de 30 mil desaparecidos. Si bien, cuando la CONADEP entregó el informe Nunca Más en 1984, registró 8.961 casos de desapariciones forzadas, la propia Comisión aclaró que esta lista era “abierta” y no definitiva.
En el año 2006, se dio a conocer un documento desclasificado del Departamento de Estado de EE. UU. que contenía un informe de inteligencia enviado en julio de 1978. El reporte fue redactado originalmente por Enrique Arancibia Clavel, un agente de la DINA (la inteligencia chilena de Pinochet) que operaba en Buenos Aires.
Arancibia Clavel informaba a sus superiores en Chile que el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército Argentino tenía computados, hasta julio de 1978, 22.000 muertos y desaparecidos. Este documento es fundamental porque demuestra que, ya en 1978 (cinco años antes del fin de la dictadura), los propios militares argentinos admitían internamente una cifra que duplicaba con creces los registros que la CONADEP lograría reunir años después.
Esta pequeña gran historia, dentro de la historia del Terrorismo de Estado, considero que es muy importante que sea conocida por todos los que pretendan contar una “historia completa” porque, de un lado, no conocerla se convierte en una flaqueza por la cual, las generaciones futuras (al escuchar la “otra campana”) podrían dudar de la veracidad acerca de que alguna vez hubo un “terrorismo de Estado” en nuestro país.
Del otro lado, lado en el que insisten en que la historia debe contarse completa, antes de cuestionar el número “30 mil”, deberían exigir a sus defendidos, los represores de aquel gobierno, que confiesen quienes fueron los desaparecidos, por qué los mataron y qué hicieron con sus cuerpos. De esta forma y no otra, recién podrá contarse una historia completa.
Porque, si nada hubieran tenido para ocultar, habrían llevado registro detallado de todas las detenciones, procesos, sentencias y ejecuciones (después se determinaría su legalidad o ilegalidad). Además, no haber destruido los registros que sí existían, antes de entregar el gobierno al nuevo presidente democrático, Dr. Raúl Alfonsín.
Como en todas las ciudades argentinas, ayer en Cañada de Gómez, se celebró como de costumbre, un acto en la “Plaza de la Vida”, como recordatorio del 50º Aniversario del Golpe de Estado perpetrado el 24 de Marzo de 1976. Contando con presencias destacadas de autoridades políticas locales y departamentales. Con la presencia, como siempre, de dirigentes y militancia de organizaciones políticas y sindicales, así como ex-detenidos por la represión, familiares de víctimas, que aun esperan por justicia, y público en general.
Vale destacar la solvencia en el relato histórico del ciudadano Roberto Garín y el diputado Carlos Del Frade y como siempre, la vehemente conducción de la Sra. Adriana Diez. Fueron notables las ausencias del querido Rubén “kelo” Moreno y de Enrique “quique” DE María, que fueron recordados con enfático cariño. Todos los concurrentes han dado muestra, con su presencia y acciones, de que bregan permanentemente por la Memoria, Verdad y Justicia, para que “Nunca mas” tengamos que pasar por semejante flagelo contra la Libertad de las personas y los Derechos Humanos.

Foto: In-formados 24-03-2026

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