“Mejor, no aclares que oscurece”. De los “ahorros en negro” al Bitcoin: Adorni presentó su DDJJ y profundizó las sospechas sobre su patrimonio
Menos de 24 horas después de ensayar una defensa pública cargada de victimización, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presentó finalmente su postergada declaración jurada patrimonial correspondiente al período 2025 ante la Oficina Anticorrupción (OA). El documento, lejos de calmar las aguas en medio de la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, terminó por formalizar las groseras inconsistencias que el funcionario intentó justificar con llamativa soltura.

El patrimonio bruto total declarado por Adorni asciende ahora a $944,5 millones, lo que representa un espectacular salto respecto a los $107,8 millones que había registrado al cierre de 2024. Este crecimiento patrimonial expone, de manera oficial, los bienes que el funcionario omitió en sus intervenciones previas ante la prensa y que hoy configuran el núcleo del escándalo.
El “dibujo” de las propiedades: Country, Caballito y deudas llamativas
La presentación ante la OA obligó al jefe de Gabinete a blanquear los activos inmobiliarios que habían sido revelados por investigaciones periodísticas:
- La casa en Indio Cuá: Adorni incorporó la vivienda en el exclusivo country de Exaltación de la Cruz, adquirida en noviembre de 2024 a nombre de su esposa. Declaró haberla comprado por un valor equivalente a u$s200.000, pero admitió haber realizado refacciones por u$s245.000 adicionales pagados enteramente en efectivo.
- El departamento de Caballito: Sumó un inmueble en la calle Miró al 500, adquirido en noviembre de 2025 por u$s230.000. Lo curioso del caso es el financiamiento: Adorni declaró que para pagar el 87% de la propiedad recurrió a un “crédito privado” otorgado por dos mujeres jubiladas, con quienes mantiene una deuda hipotecaria.
Bitcoin y “ahorro en negro”: una defensa que no resiste archivo
En sus declaraciones más recientes, el funcionario intentó desactivar las acusaciones aduciendo que el grueso de sus dólares provenía de una oportuna inversión en criptomonedas hecha en la actividad privada. “Invertimos 200.000 dólares y ganamos 300.000 con Bitcoin”, afirmó, para luego rematar con una frase que rozó la apología de la evasión fiscal: “Fueron 25 años de trabajar y de ahorrar en negro con mi mujer, como lo hacen todos los argentinos”.
Este argumento colisiona de frente con su propio relato anterior. Durante meses, Adorni aseguró ante la prensa que sus presentaciones previas estaban “impecables” y que todo su patrimonio estaba debidamente explicado de antemano. El blanqueo actual de medio millón de dólares demuestra exactamente lo contrario: una severa omisión que solo pretendió subsanarse bajo el amparo de los beneficios de la reciente Ley de Inocencia Fiscal, un mecanismo que el propio funcionariado utiliza como blindaje para eludir explicaciones sobre el origen real y verdadero de los fondos.
El contraste es insalvable: ¿Por qué un analista que asegura haber cosechado una fortuna en el sector privado mantuvo una ostensible “vida de ratón” hasta el preciso instante en que ingresó a la función pública, momento en el cual comenzó el festival de compras en efectivo y remodelaciones suntuosas?
El fantasma del vuelo privado a Uruguay
Las contradicciones discursivas de Adorni no se limitan a los ladrillos o a las billeteras virtuales. La causa judicial que lo acorrala mantiene bajo la lupa el polémico viaje familiar realizado en jet privado hacia Punta del Este durante el último Carnaval.
En aquel entonces, su íntimo amigo y beneficiario de un espacio en la grilla de la TV Pública, el periodista Marcelo Grandío, intentó ensayar una defensa que devino en un histórico sincericidio televisivo: “Pagó con su plata, no con plata del Estado… Lo pagó él con plata del Estado, me lo pagó a mí”, llegó a trastabillar el conductor ante las cámaras, comprometiendo aún más la trazabilidad del dinero que el entorno del jefe de Gabinete manejaba fuera del circuito formal.
Hoy, con una declaración jurada plagada de enmiendas de último momento, préstamos de pasivos y ganancias extraordinarias en criptomonedas que aparecieron de la noche a la mañana, la narrativa oficial de la “transparencia absoluta” terminó de desmoronarse. Al final del día, las piruetas contables del jefe de Gabinete recuerdan más a los viejos sketches de la farsa y el absurdo que al rigor ético que el propio Gobierno declama en sus atriles.
Aún resuenan sus cínicas pretensiones de disculpas que le exigía al periodista Nicolás Gallardo en plena rueda de prensa y delante de todo el universo periodístico habilitado. Acusándolo de no saber leer o interpretar sus declaraciones juradas que, según el propio Manuel Adorni, no presentaban omisión alguna y se encontraban “impecables.
Otra suspicacia que no deberíamos pasar por alto: Cuando el Presidente Javier Milei enfrentó a todo el periodismo diciendo que él había visto las pruebas que tenía su jefe de gabinete, que demostraban su inocencia, sin embargo, ahora, el propio Adorni declara que el Presidente siempre confió en él y ni siquiera tuvo que mostrarle las pruebas.
El razonamiento lógico nos conduce directamente a la pregunta, no se trata de ningún capricho, ¿Manuel Adorni es quien nos miente ahora o quien nos mintió antes fue el Presidente Milei? Es imposible que ambos estén diciendo la verdad, aunque sí podría ser, quizá, que ¿ambos pudieran estar mintiendo?
Servicio informativo IN-F
