EDITORIAL: El blindaje del Jefe de Gabinete y la anatomía del pararrayos político
La política argentina nos tiene acostumbrados a los enroques vertiginosos y a las estrategias de supervivencia, pero el escenario actual en torno a Manuel Adorni —ya no en su anterior rol de vocero, sino consolidado como Jefe de Gabinete de Ministros— expone con crudeza los hilos detrás del poder. Hoy nos encontramos ante un jefe de ministros que, lejos de coordinar la marcha del Estado, parece un funcionario ocupado, y fundamentalmente preocupado, por su propio futuro inmediato. Sin embargo, en esa parálisis funcional radica, paradójicamente, una suerte para la gestión diaria: ante la ausencia de una jefatura activa, cada ministro se ve obligado a suplir ese vacío gestionando los problemas directamente desde su área.
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