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El helicóptero de GNA no pudo ser utilizado por falta de combustible

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En el tablero del narcotráfico, el movimiento de piezas se mide en minutos y en capacidad técnica. Sin embargo, hace apenas unos días, en territorio santafesino, la persecución de un cargamento de más de 300 kilogramos de cocaína —que involucró un despliegue coordinado entre una avioneta, la Gendarmería y la Policía de Santa Fe— se topó con un muro burocrático y fiscal infranqueable: la falta de combustible para un helicóptero de las fuerzas federales.

Por Redacción IN-FORMADOS

Helicóptero de GNA, imagen tomada de la web

La información, difundida por el periodista Germán de Los Santos, confirma que la aeronave de Gendarmería no pudo despegar para dar caza a los prófugos debido a que no contaba con los recursos básicos para operar. El resultado es tan previsible como alarmante: los criminales lograron evadirse, dejando atrás la droga pero llevándose consigo la certeza de que el Estado nacional hoy tiene los pies de barro.

Un análisis de fondo: ¿Eficiencia o desmantelamiento?

Este episodio no puede leerse como un hecho aislado o una falla logística menor; es la consecuencia directa de una política de “recortes sobre recortes” que parece haber perdido el sentido de la proporcionalidad. Cuando la tijera fiscal llega al tanque de combustible de quienes deben custodiar la vida y la frontera, el ajuste deja de ser una medida económica para convertirse en un riesgo institucional.

Desde una mirada analítica, surge una pregunta inevitable: ¿A quién intenta convencer el Gobierno con este nivel de restricción? Pareciera que el objetivo primordial es direccionar la mirada hacia el mercado, cumpliendo metas de déficit cero que luzcan impecables en una planilla de Excel. Sin embargo, esa pulcritud financiera se paga con la inoperatividad del Estado. Al mercado se le ofrecen números, pero a la sociedad se le entrega desprotección.

La perversión de la funcionalidad

Existe una cuota de perversidad en el hecho de sostener un discurso de “guerra contra el narcotráfico” mientras se desfinancian las herramientas mínimas para librarla. La funcionalidad efectiva de los mecanismos que sostienen al Estado —seguridad, salud, justicia— no puede ser una variable de ajuste infinita. Sin combustible, el helicóptero es chatarra; sin recursos, la Gendarmería es un espectador de lujo en una zona de guerra.

Si la mirada del mercado es la única que importa, el Estado corre el riesgo de vaciarse de contenido. Una institución que no puede cumplir su función primaria deja de ser soberana. El hecho de que un helicóptero no haya podido despegar para perseguir 300 kilos de cocaína es la prueba más palmaria de que el ajuste, cuando es irracional, termina siendo funcional al crimen que dice combatir.

La gestión pública requiere rigor, pero también una comprensión cabal de que el orden fiscal no puede construirse sobre la base de la indefensión social. De lo contrario, lo que se ahorra en combustible se termina pagando con creces en soberanía y en vidas humanas.


Nota editorial: En IN-FORMADOS seguiremos de cerca el rastro de estos recursos que faltan donde más se necesitan, mientras los anuncios oficiales parecen habitar una realidad paralela.

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Santiago Martínez

Periodista y Director de In-Formados

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